Las sendas de ida y vuelta de Stybar y Wiggins

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A una semana escasa de que arranque la Vuelta desde una batea gallega, dos carreras tomaron su epílogo con sino diferente. Si en Portugal, la crono de Alejandro Marque abrió el camino a un nuevo éxito español en la “Grandissima”, en el Benelux un ciclista checo pero con arraigo en la zona, Zdenek Stybar, dio un último, postrero y certero golpe en el momento final de la carrera haciendo buena la estrategia del Omega frente a un líder, el largo Tom Dumoulin del Argos, que no el pequeñito del AG2R, que no parecía un nombre de enjundia para esta prueba del máximo circuito.

El triunfo doble del checo / Eneco Tour

Poco a poco, de forma paulatina, sin descanso ni pausa, pero con la seguridad de un ciclista mayúsculo, Stybar se hace un nombre y hueco en la carretera. Quienes tenemos la insana afición de estar pendientes de la temporada ciclista en su totalidad y matices, lamentamos que el ciclocross viera como su bicampeón del mundo se centraba en la carretera en uno de esos cambios que sólo se entienden desde la óptica y la ambición del protagonista, pues desde fuera todo lo que sea abandonar la disciplina que dominas parece un paso hacia el vacío.

Pero Stybar se armó de argumentos, dijo que merecía la pena el riesgo y míralo, ya tiene el Eneco Tour en el bolsillo. Y es que a pesar de que quizá hablemos de la carrera de menos caché del máximo circuito, el espectáculo que ha ofrecido ha sido bueno y por tanto la competencia no resultó sencilla. Con esta general el centroeuropeo cierra un círculo imaginario, ya tenía triunfos parciales pero le faltaba algo fuerte, consistente. Ya lo tiene y tenemos la seguridad que no cae en saco roto, como tampoco cayeron las enormes sensaciones que nos ofreció en Roubaix hasta que un imbécil vestido de aficionado al ciclismo le desequilibró para desespero de quienes veíamos en él una alternativa a Cancellara.

Y mientras Stybar no se arrepiente del camino emprendido y los hechos le refrendan ahí sigue Bradley Wiggins, hecho un manojo de dudas e incertidumbres sobre qué camino tomar. Ojo porque hablamos de un corredor que hace un año y poco se proclamaba campeón olímpico en la lucha contra el crono poco después de ser el primer inglés en ganar el Tour.

Con Bradley Wiggins tomamos medida de cuán complicado es mantener el nivel y el listón cuando se roza la perfección, y la temporada 2012 de Wiggins estuvo en ese tono. Descolocado por el poderío de Froome, Wiggins sabe que en el Tour cualquier opción es utópica. Su suerte corre fuera de Francia y de julio, pero cuando has ganado el Tour es complicado motivarte con cualquier otra cita, sobretodo porque fallaste estrepitosamente en alguna de ellas, como es el caso del Giro de Italia.

Pero ojo por que la maltrecha pista puede recuperar a uno de sus adalides. El desnortado ciclista dice ahora que por qué no volver a la pista. En su día Wiggins hizo como Stybar, dejó la modalidad que le había dado dinero y fama por la carretera. Está claro que es una opción, pero primero no es un crío y luego están las carreras de su perfil que están fuera del calendario olímpico. Ahora mismo si Wiggins volviera a la pista su ego de diluiría en la cuarteta y su opción de brillo personal sería en los mundiales y nunca en los juegos. Y qué quieren que les diga, parece poco y escaso para un Sir.

Foto tomada de www.ciclo21.com