Las servidumbres de la selección española

3
2
vistas

Me quedó en la retina un tweet de Andrés Cánovas de esta mañana de miércoles. Decía algo así como “Selección suiza: Cancellara de líder, Albasini como alternativa y el resto gregarios”. Disculpe el autor si mi precisión no es literal, hablo de memoria, pero volviendo al mismo, me resulta perfecto: pam, pam, pam. Una regla de tres redonda, tienes un líder sólido, tienes un comodín luego llena el equipo de currantes, de gente que no tenga más ambición inicial que contribuir al triunfo del equipo.

Recuerden las últimas veces que la selección española trabajó como tal, como equipo, como bloque. Yo no recuerdo nada en ese sentido desde el trabajo impecable que Carlos Sastre desarrolló en los Juegos Olímpicos de Pequín. De ello han pasado más de cinco años, largos y tediosos, donde el hacer de los nuestros en la carrera más bonita del año no nos ha dado un arco iris y sí alguna medalla.

La última vez que un español subió a lo más alto del cajón fue en 2004, nueve años ya, de esa mágica jornada en Verona donde galgos como Isidro Nozal, Luis Pérez y Alejandro Valverde, cuando más se le requería, le pusieron alfombra a Oscar Freire para estar en la antesala de los récords absolutos en la cita. Desde entonces, por lo que fuera, nada interesante ha caído, a excepción hecha del oro olímpico de Samuel Sánchez, repito cimentado en la incondicionalidad de Sastre, y las medallas de Alejandro Valverde y Joaquim Rodríguez, como muescas individuales y no colectivas.

Por que, España lleva años yendo a los Mundiales con tres, cuatro o cinco hombres para ganar. Eso a priori, y propagandísticamente hablando, es interesante, pero efectivo más bien poco. Aún resuenan las masacres italianas de Ballan y Cunego, el excelente punto de Hushovd en Australia, el golpe final de Gilbert,… los nuestros sí, eran tropel pero mal situados, mal avenidos. Cabe recordar el bronce de Alejandro Valverde el año pasado. Debía estar con Oscar Freire pero a la vez deseaba la rueda de Gilbert, al final ni lo uno, ni lo otro. Y ojo, que conste que pensar con claridad en los momentos que Gilbert te pone el lactato por las nubes es hartísimo complicado.

Esta vez Javier Mínguez se lleva una selección mediática donde no emerge el líder con claridad y sí los nombres que visten en notas de prensa. No dudo que el técnico vallisoletano tendrá cumplida referencia de sus hombres, pero destaca, en lo sorprendente, por no decirlo de otra forma, el nombre de Alberto Contador, quien al margen de haberse declarado muy alejado del perfil de ciclista de un día, no atesora el bagaje que sí escolta a otros. Incluso la presencia de numerosos ciclistas que perfectamente podrían liderar otra selección, dígase Dani Moreno, Luisle Sánchez o Samuel Sánchez, responde a criterios que desde fuera evidencian dictado y necesidad imperiosa de agarrarse a estos nombres. En la Vuelta hemos tenido trotones como Flecha, Aramendia, Vicioso, Txurruka, Piedra,… y fuera de la misma, David López, congraciado en Sky, o el propio Jesús Herrada, con los mejores en Canadá, igual que Ion Izaguirre.

¿Tenemos la certeza que gallos en toda la acepción de la palabra venderán sus opciones por el triunfo ajeno? En la selección francesa Sylvain Chavanel ha dado un paso atrás para dar opción a otros, pues él no se ve en la pomada. Como aquel Madrid de “Zidanes y Pavones”, queremos más “Castroviejos”, “Herradas” y “Egois” en esta selección.

3 COMENTARIOS

  1. Si Contador no esta en su mejor forma y sabe asumirlo puede ser una gran ayuda en este mundial para sus compañeros, eso si primero tendra que saber para quien tabajar.

  2. Cierto es lo que dices. Como ya se ha comentado ampliamente, mucho gallo en el corral y muchos egos juntos. A mi corto entender, sobran alguno de estos gallos y faltan, como bien has dicho, los Vicioso, Flecha, Aramendia… que seguro se dejarían la piel por esta selección.

Deja un comentario