Las sinergias no aprovechadas del ciclismo

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Permitidme que hable de una realidad que conozco de primera mano: la catalana. Este domingo se celebró una cita que lleva unos 17 años en liza. La Barcelona-Sitges. Se le llama pedalada ecológica. Reúne algo más de 2.000 ciclistas de toda factura, bicicleta y condición en un lapso de unos cuarenta kilómetros. Por delante les esperan las famosas Costas del Garraf, el virado recodo montañoso que rompe en un Mediterráneo que por estos lares luce espléndido.

La marcha sale desde el corazón del Camp Nou, el estadio del Fútbol Club Barcelona. Viene siendo así desde hace ocho años. En la edición de 2004 salió por primera vez desde el teatro azulgrana. Encabezó en esa ocasión el pelotón el entonces presidente Joan Laporta. Vestido de corto con los colores del club barcelonés centró objetivos. La barriga que cedía su maillot fue espectacular. Al día siguiente la Barcelona-Sitges fue portada de los dos diarios deportivos de Barcelona –Sport y Mundo Deportivo- y ocupó espacios gráficos en otros muchos rotativos.

Esto es el ciclismo. Cuando decimos que este deporte atraviesa una crisis sin igual, retratada en este blog muchas veces, deberíamos acordarnos de fenómenos como el anteriormente descrito. La bicicleta es terriblemente atractiva, un regalo que formulamos en nuestra primera carta a los Reyes Magos, y que no despreciamos cuando ya de mayores nos cae una en las manos.

Mientras vemos que la bicicleta y el ciclismo en sus muchas acepciones fluyen por el círculo virtuoso, miren la salud del BTT, las inscripciones que genera, o el cicloturismo, a veces entendido como competencia encubierta, la competición necesita una revisión de fondo y forma que va mucho más allá de lo que a UCI dice pretender con sus ridículos cónclaves en los que afirma “todos aportan pero sólo mi opinión vincula”.

El ciclismo como itinerante es terriblemente atractivo. Al organizador, al equipo le da la opción de salir de la puerta de su mecenas. En su porfolio, existen infinidad de posibilidades de patrocinio, de actividad. Sólo conviene revisar las estructuras ver lo que le gusta al público, a la masa. Los aficionados de verdad siempre estarán, los ocasiones son los que marcan el punto de no retorno en la rentabilidad de la inversión.

Miren la Vuelta a España, cuyos informes de impacto no parecen haber convencido en Navarra. Los mentores de Unipublic han abierto el melón con una serie de alicientes, principalmente los muretes de final de etapa, que aunque al abnegado de toda la vida no satisfagan, sí lo hacen con el espontáneo. Y ello, no nos engañemos, hace que todo el tinglado de la carrera “roja” siga en pie, pues si a la terrible crisis que padecemos, le sumáramos una vital ausencia de audiencias, no extrañaría la desaparición de la carrera y entonces, sólo entonces, lamentaríamos no haber rectificado a tiempo.

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3 COMENTARIOS

  1. "Los mentores de Unipublic han abierto el melón con una serie de alicientes, principalmente los muretes de final de etapa, que aunque al abnegado de toda la vida no satisfagan, sí lo hacen con el espontáneo"

    Un servidor, se considera un incondicional, a parte de adicto a este mágico deporte. Y los finales en repecho de la Vuelta, le parecen estupendos y muy divertidos.

    Que para los peleones y/o buscavidas del pelotón, lo han tenido muy dificil, en este tipo de etapas. Si, es cierto, pero para estos…¿Cuándo no ha sido asi?

  2. No pienso que haya que ponerse en ese extremo. Yo también soy de los que piensan que esos "muretes" de final de etapa en la Vuelta han sido buenos para el espectáculo. Este año la vuelta a superado con creces al Tour en espectáculo. Eso contando con que el kilometraje de las etapas, al haber disminuido considerablemente hace que las etapas sean más explosivas y cortas. En definitiva, al disminuir el tiempo de pedaleo también lo hace la fatiga, y supongo que la "necesidad" de suplementos sea menor.

    Las Costas del Garraf es de lo más mítico en el ciclismo por Barcelona. Visca la Mala Dona 🙂

    Saludos

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