Las tensiones no resueltas del discurso del Team Sky

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Jugar a Dioses, ser juez y parte tiene problemas y consecuencias. Se impone cautela en tus actos y palabras y cuando esa cautela no es tal surgen los problemas. El Team Sky siempre ha jugado fuerte. Es preso de sus propias palabras. Desde su creación los hombres de negro proclamaron un feroz decálogo frente al dopaje y todo lo que de él se deriva. En este tiempo incluso mostraron la puerta de salida a algunos personajes de turbio para dejar bien claro que eso que dijeron al empezar no eran solo palabras.

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A puertas del Giro de Italia el emblema de este equipo, Bradley Wiggins, juega a un juego algo más ambiguo que el decálogo que Sky impuso como hilo de conducta. El largo inglés nacido en Gante se presenta como opción y baza a ganar la grande que arranca de Nápoles y hacer doblete posteriormente en el Tour de Francia, donde defiende corona. No sé, así de pronto nos parece una empresa inviable para alguien que dice jugar muy limpio, si no el que más.

Hace poco leí unas declaraciones de otro gurú anglosajón en esto de la limpieza. Fue Taylor Phinney y vino a decir que “una gran vuelta es algo humanamente antinatural”. La definición de este buen croner me parece muy acertada y define a la perfección aquello que estamos intentando explicar. Un buen amigo de Wiggo, David Millar, afirmó que es imposible llevarse el Tour limpio.

Convenimos pues que ganar una grande sin ayudas es a juicio de una gran mayoría algo improbable. Entonces imaginemos hacer doblete el mismo año. Wiggins opta a repetir lo que nadie logra desde hace quince años, desde que Marco Pantani lo hiciera. Sí Marco Pantani, muy vilipendiado por la prensa de esas latitudes. Hace dos años Alberto Contador lo intentó pero el resultado, aunque a la larga hubiera sido purgado por el TAS, se demostró imposible.

En Team Sky hay un personaje llamado Tim Kerrison que habla de los periodos de descanso y picos de forma como si estos conceptos nadie los hubiera utilizado en más de un siglo de historia de este deporte. Se trata de una especie de alquimista de las posibilidades del ciclista. Sabe algo que por lo visto los demás ignoran y que a Wiggins le sitúa en la pista de ganar Giro y Tour el mismo año.

Al mismo tiempo Wiggo proclama que toda esta gesta se hará sin trampa ni cartón, con una limpieza absoluta. Si cuando la edición 100 arribe de noche París lo hace con Sir Bradley de amarillo, una vez haya conquistado el rosa en Brescia, ¿pensaremos tan mal de él como él del resto?.

Es más, y en eso también entra la mecánica interna del equipo. Si no nos equivocamos el líder en Francia debería ser Chris Froome, a quien el año pasado Wiggins juró lealtad para esta esta edición. Si Team Sky ha sido siempre muy claro y nítido en sus declaraciones desde el momento de su nacimiento, no cuadra esta ambigüedad en la elección de su líder de cara al mejor momento del año a no ser que se quiera incentivar la competencia interna.

Esta forma de hacer tan anglosajona puede ser beneficiosa para el plus que Froome y Wiggins pongan sobre la mesa cuando toque dirimir la capitanía del equipo, pero ojo, por que estas estrategias las carga el diablo y si Froome ha demostrado paciencia durante este año, asegurando además que desde el equipo se han comprometido en correr para él, no creo que fomentar esa insana rivalidad entre sus dos capos sea la mejor forma de afrontar una carrera donde un buen puñado de rivales esperan para  “meterles mano”.

Foto tomada de www.bikeradar.com

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