Las trampas del ciclismo francés

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Casi sin darnos cuenta el ciclismo francés camina hacia las tres décadas sin ganar el Tour de Francia. La cifra exacta es a día de hoy de 28 años y esconde muchos nombres importantes que se quedaron en el camino de la gloria que se le exige a cualquier hijo del país vecino cuando monta una bicicleta. Laurent Fignon fue el último que lo tuvo más cerca, en 1989, y desde entonces uno tras otro, desde Laurent Jalabert a Richard Virenque, sin olvidar a Luc Leblanc, Jeff Bernard y Charles Mottet, ha caído ante las voluntades de la carrera.

Sin embargo los últimos años esa acuciante necesidad de recuperar la mejor carrera del mundo se ha notado con más intensidad. Ha jugado a favor de esa presión el hecho de que se cumplieran algunas ediciones con la más absoluta carencia de resultados sumada a la no presencia de franceses en el top ten. Todo ello se ha ido solucionando estos años últimos, sin embargo no es suficiente. El legado histórico y el peso francés en el universo ciclista exigen mayores logros, los máximos para entendernos.

Veamos que a pesar de los paupérrimos resultados de los suyos, el ciclismo no ha perdido un ápice de interés para el público galo. Cuentan con una maquinaria ciclista compleja y resistente. No sólo en infraestructura ciclista, donde ASO da cobijo a los principales eventos. También hablo del sector periodístico y editorial. El ciclismo sigue siendo portada y ello empuja y presiona a que cada joven que surge con maneras de líder sea visto con lupa.

Varios han sido los casos de ciclistas franceses frustrados por las opciones que se les adivina. El joven francés que promete toca dinero antes que el español. Buenos contratos, excelente seguimiento de los medios,… todo muy sencillo, quizá demasiado. Muchos testimonios me hablaron de ciclistas fumando en las concentraciones, de dejadez en las dietas, de poco cuidado personal.

Ellos sin embargo se defienden con el ciclismo de dos velocidades. Es decir, ellos van limpios y los demás hasta las trancas. Argumento que un día pudo tener cierto peso pero que con el tiempo se ve insuficiente para explicar la ausencia de un francés en los grandes podios desde tiempos de Laurent Jalabert.

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Thomas Voeckler estuvo a punto de pisar el podio hace dos años, no lo hizo por que una bruma nubló su juicio con un esperpéntico espectáculo en el Galibier donde se creyó tan fuerte como Andy Schleck y Alberto Contador y encima a plato. Ese día ganó la etapa Pierre Rolland. Ambos, Voeckler y Rolland, son punta de lanza de un equipo que viste de verde, verde sucio diría yo, llamado Europcar con una buena dosis de suspense en su haber.

El Europcar está dirigido por el excompañero de Fignon, Jean-René Bernaudeau. Éste se postuló como impulsor del movimiento “Por un ciclismo creíble”. Creerá que tan utópico titular para esta organización será posible, sin embargo su praxis indica todo lo contrario. El año pasado el Europcar se vio envuelto en asuntos turbios, al mismo tiempo que se recogía a Riccador Ricco medio muerto por prácticas abusivas. Casualidad o no, la cronología ha dejado más casos por el camino, el del segundo clasificado en la Roubaix de 2012, Sebastian Turgot y el del “maillot à pois” Anthony Chartreau  por valores anómalos y ahora el terrible suceso de Pierre Rolland en la Dauphiné, algo que no hay por dónde cogerlo. Desde el hecho deque partiera, al abandono y estúpidas explicaciones a todo ello, colgadas en algo tan oficial como esa merienda de negros llamada Facebook. Incomprensible.

Mientras en el otro equipo de referencia galo, pues Cofidis hace tiempo que no da que hablar más allá de lo que ya generó en su día, la FDJ tiene a la nueva perla gala, Thibaut Pinot, un ciclista que apasiona mientras crece en las manos de otro “integrista del ciclismo limpio”, Marc Madiot, un especialista en Roubaix que hablará mucho de ciclismo creíble, pero lo hará a gritos, como aquellos que le profirió a su pupilo cuando ganaba su etapa en el último Tour. Y es que irán muy limpios, eso dicen, pero las maneras les pierden e incluso sugieren que en el fondo hasta los nervios les pueden, y cuando estos traicionan es cuando se comenten tonterías. En Europcar llevan unas cuantas.

Foto tomada de www.lexpress.fr

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