Las vueltas de una semana sortean una dura encrucijada

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Se dice con tino que en ocasiones la arboleda nos impide ver el cielo. En ciclismo en ocasiones pecamos de no ser un poco más relativistas y así nos luce el pelo. Miremos a nuestro alrededor y veamos que “en todos los sitios cuecen habas”. Sin embargo no es objetivo de textillo poner la venda ni refugiarse en desgracias ajenas sino ver qué se hace bien en otros lares para intentar mejorar.
Veamos por ejemplo el tenis. Al margen de la admiración con la que la gente se refiere a Rafael Nadal, un trato que detectamos en el ciclista desde años A, sí que emerge la sensación de que las cosas, por de pronto, se están haciendo bien. El circuito mundial tenístico tiene sus cuatro faros, los grand slam, algo así como las grandes vueltas, el Master a finales de año, un tema que sería similar a los Mundiales, y una coplilla de torneos que vestidos como debe parecen más de lo que en definitiva son. Madrid, Montecarlo, Roma,… son ejemplos recientes, pero hay muchos otros, los open 1000 creo que se llaman.
A pesar de situarse un escalón por debajo de las grandes citas, se envuelven de eco mediático digno de primerísima competición. A ello ayuda, qué duda cabe, el hecho de los grandes nombres los disputen como si la vida les fuera en ello. Los primeros espadas pueblan el palmarés de estos torneos intermedios y eso es digno de elogio.
Y bien ¿ocurre lo mismo en ciclismo?. Como deporte centenario esta actividad goza de un extenso calendario de citas llamadas vueltas de cinco días o una semana que bajo el título de “hors categorie” son por si solas un circuito de lo más suculento. No hay gran palmarés que no contenga una Dauphiné, una Volta  o un Romandía. Son por si solas objetivo exclusivo y sin embargo su suerte se confía a otras citas. París-Niza y Tirreno son bancos para la Milán- San Remo. Lo mismo que Volta, País Vasco Romandia para el Giro y qué decir de la Dauphiné y Suiza, en la recta final del Tour. Este estatus les supone por defecto una injusta reducción de prestigio y ello se confiere al espectáculo –muchas veces condicionado por el recorrido- por que pocas son las veces que algunas de estas competiciones quedan en nuestra retina como sí ocurre con las grandes o algunas clásicas.
Pedir un respeto para estas pruebas, más allá del nivel mostrado por los favoritos a grandes citas es un acto de justicia con el propio ciclismo, pero también para con las organizaciones que cuadran círculos en la búsqueda de mantener con un halo pruebas otrora legendarias.

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