#LaVuelta 4: Cuarto día, cuarto líder

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La cuarta etapa de la Vuelta, que llevó a la caravana multicolor ciclista hasta la cima inédita bajo la denominación de San Andrés de Teixido de 595 metros de altitud, no ofreció en apariencia muchas alternativas a lo largo del itinerario establecido, salvo en sus postrimerías en donde les aguardaba una empinada cuesta calificada de 2ª categoría a lo largo de once kilómetros de subida con un porcentaje medio de pendiente del orden del 4,8%. Ante este obstáculo de última hora, era presumible que los concurrentes se limitaran a dejar pasar los kilómetros antes de afrontar la citada dificultad que se resolvería, tal como se contempló, a favor del corredor francés Lilian Calmejane (23 años), gracias a su temperamento un tanto explosivo que derrochó en los postreros y decisivos momentos, constituyendo para todos nosotros, los involucrados, una muy inesperada sorpresa.

Fue algo que en realidad no esperábamos en nuestro fuero interno por parte de este atleta del pedal casi desconocido perteneciente de todas a todas a la nueva generación. Una actuación de esta talla nos reconforta y nos crea un optimismo nuevo. Son ciclistas, los hay, que surgen inesperadamente y que empujan los pedales con entusiasmo cara a un futuro que les pueda ser propicio. A estas alturas uno no sabe hasta donde podrá llegar en aras al ciclismo. Es la clásica pregunta que nos hacemos todos aquí hoy.

En su persecución postrera tras el ciclista galo, pudimos vislumbrar con ímpetu al colombiano Darwin Atapuma y al estadounidense Benjamin King, que cedieron un cuarto de minuto en la misma meta frente a Lilian Calmejane, sumergido en un día de buena vena. De resulta de este hecho, Darwin Atapuma pasó a ocupar automáticamente el liderato que poseía el murciano Rubén Fernández, héroe que ha ostentado la corona por un día. El sudamericano Atapuma se ha colocado con escasos segundos de ventaja sobre el español Alejandro Valverde, el británico Chris Froome y los colombianos Johan Esteban Chaves y Nairo Quintana, paladines todos ellos cara a los eventos que nos amparará el inminente futuro que nos aguarda en torno a la ronda española.

La nota llamativa de la jornada la protagonizaron desde un principio una veintena de animosos ciclistas de segundo plano que no suponían un peligro para los corredores más ilustres, que son a fin de cuentas los que controlan la carrera con especial predisposición y empeño. Este grupo de vanguardia matutino que llegó a obtener una substancial ventaja que osciló alrededor de los cinco minutos, un botín aleccionador, fue tomando consistencia con el paso de los kilómetros. Esta diferencia de tiempo, repetimos, compensó a algunos en la meta de llegada para que no fueran alcanzados. Era de esperar que de entre la veintena de aspirantes hubiera más de uno, unos pocos, con agallas para redondear su actuación en la fase final. Efectivamente, este conglomerado de animosos ciclistas fue fraccionándose paulatinamente. Los favoritos de la ronda española, mientras, no se sintieron en verdad motivados lo suficiente para ahogar o eliminar del todo aquella fuga matinal de unos deseosos de fama.

Llegados a la montaña de referencia: la ascensión a la montaña de San Andrés de Teixido, que se sitúa en la parte extrema del norte de Galicia, con una visión panorámica fascinante y a la vez inmensa que nos ha brindado la naturaleza con sus recónditas playas y demás ingredientes del lugar, los corredores de más renombre, los más ilustres, se limitaron a cubrir la distancia sin apurar más esfuerzos y vigilándose mutuamente. Con eso les bastaba y de ahí el resultado consecuente de la etapa.

El acontecimiento a tener en cuenta fue el cambio de líder. El colombiano Darwin Atapuma (28 años), perteneciente al equipo BMC Racing Team, con sede radicada la ciudad californiana de Santa Rosa, ha pasado con creces a ser el nuevo líder de la Vuelta, aunque por escaso margen de tiempo. Pero a fin de cuentas todo vale incluso a estas alturas primerizas.

Comentando esta cuarta etapa que nos ocupa, debemos señalar que cuando faltaban más o menos una treintena de kilómetros para el final, intentaron evadir individualmente, como probando suerte, alguno que otro corredor de entre estos que todavía resistían al peso de la distancia y a las ingratitudes de la ruta. Anotamos, por ejemplo, la persistencia individual del santanderino Ángel Madrazo, que no prosperó, de la misma manera que le sucedió al francés Axel Domont, otro casi desconocido en liza. En realidad el que dio plenamente en el clavo fue el vencedor Calmejane, un francés con inquietudes. A éste le salieron las cosas a pedir de boca, diríamos en un sentido vulgar. Su audacia le llevó a la victoria.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada del FB del Direct Energie

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