#LaVuelta 6: Magisterio de Yates

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En las tierras gallegas, con sus admirables confines, la Vuelta ha obsequiado a sus aficionados con la celebración de nada menos seis etapas consecutivas, una cifra que de por sí nos parece muy desprendida al tomar en consideración que la ronda española totaliza la suma de veintiuna etapas. Todo ha constituido un homenaje a favor de sus gentes, y, además, nos ha brindado la magnificencia de sus suntuosos y recónditos paisajes que han valido toda nuestra admiración.

La sexta etapa que nos ocupa hoy, aunque pletórica en emociones e incertidumbres hasta su conclusión, nos sirvió de poca cosa ateniéndonos a su incidencia y a su repercusión en la tabla de la clasificación general, que se mantuvo casi invariable, especialmente en los seis primeros puestos que no variaron en cuanto a tiempos en lo más mínimo. Eso sí, debemos hacer hincapié y destacar la gesta de última hora protagonizada por el británico Simon Yates (24 años), que con cierta astucia resolvió la papeleta cuando restaban tan sólo cinco kilómetros para cruzar la línea blanca de meta. Llegó en solitario con el escaso margen de veinte valiosos segundos de ventaja sobre nuestro compatriota, el murciano Luis León Sánchez, el italiano Fabio Felline y el belga Ben Hermans, en este riguroso orden. Eran componentes de un grupo de escogidos que se formó con denodado ímpetu en los últimos y decisivos momentos de la etapa.

El mencionado ciclista, el inglés Yates, oriundo de la localidad de Bury, se llevó el triunfo en esta jornada que se caracterizó por sus múltiples movimientos. Tiene un hermano gemelo, Adam, que es más conocido en los ámbitos de la bicicleta. Hemos de recordar a nuestros lectores que el citado corredor ocupó el cuarto lugar en la clasificación final y absoluta del último Tour de Francia. Es un dato que no debemos dejar en el olvido. Señalemos, por otra parte, que Simon Yates, el laureado que elogiamos hoy, en sus primeros tiempos como ciclista, había despuntado con desenvuelto empuje en los anillos de los velódromos, una modalidad que le dio prestigio y esperanza, espoleado, además, por su juventud de la que hizo gala. No hay duda de que esta actuación honorífica que acaba de ilustrar en la ronda española con su victoria a todas luces inesperada, le dará alas de optimismo para brillar y hacerse valer en las carreteras con más entusiasmo si cabe.

A lo dicho quisiéramos reseñar que Simon Yates, militante en la escuadra australiana Orica-Greenedge Cycling Team, en su corta y fulgurante fuga, supo resistir frente a sus temidos adversarios en un terreno que ascendía paulatinamente cuesta arriba de manera intermitente. Resistió con encendida voluntad y nos hizo recordar sus duelos sostenidos en la especialidad de pista. Más concretamente en los encuentros extenuantes exigidos por la modalidad de persecución en lucha a dos, en donde había destacado y en donde el contendiente de la partida se ve obligado a perseguir a su rival en su empeño de alcanzarle o acortar la distancia que le separa en lo más posible. Yates se sintió duramente perseguido en las postrimerías de la etapa en litigio. Bastante que lo sabía. Sin embargo, supo apurar al máximo y triunfar con todas las de la ley como suelen depararnos los valientes, los de casta intrépida. Esto es lo que debe imperar en beneficio del deporte.

En esta etapa de simple transición corrida básicamente en la provincia de Orense, hubo una escapada que se produjo casi en el mismo toque de salida. Aprovechamos para afirmar que esta clase de acciones o iniciativas tan matutinas suelen tener un éxito siquiera relativo. A la larga, todos lo sabemos, no llegan a fructificar. Los ilustres del gran pelotón son los encargados a través de sus gregarios de neutralizar esa clase de movimientos cuando las circunstancias de la etapa lo requieran. No hay vuelta de hoja. Es el juego de siempre, en especial en las etapas que no ofrecen muchas dificultades y que dan rienda suelta a los velocistas, deseosos de vencer, de imponerse no sin poco riesgo. En las etapas de montaña esos golpes de teatro suelen morir pronto.

Centrándonos de manera un tanto sucinta en lo que fue la sexta etapa, hemos de señalar que se produjo de buenas a primeras la evasión de un grupo integrado por once unidades. De entre los cuales se encontraba el vizcaíno Omar Fraile (26 años), oriundo de Santurce, que al afrontar el Alto de Atienza de 2ª categoría, con una cima colocada a 850 metros de altitud, decidió evadir de entre los escapados, mientras que tras él en discordia y algo distanciados fueron en su persecución el belga Bakelants, el kazako Zeits y el suizo Frank. A una veintena de kilómetros de la llegada, Fraile no pudo más y desistió en su intento ahogando su ilusión fallida. A continuación, un poco de rebote, Frank tomó la iniciativa de atacar con decisión y colocarse en la vanguardia de la carrera. Lo cierto fue que a 5 kilómetros de la meta todos esos intentos se vinieron abajo, surgiendo como por arte de magia el madrileño Daniel Moreno, acompañado por el que sería el futuro vencedor: el inglés Simon Yates, que acto seguido sin pestañear lanzó el ataque certero volando hacia la meta que se alzaba en la localidad de Luintra, en homenaje a esta zona conocida por Ribeira Sacra, otro eslabón digno de ser admirado a conciencia.

Como punto de conclusión a este comentario, digamos que los movimientos registrados en el curso de la etapa no hicieron variar de manera substancial la tabla de la clasificación general, que no afectó en nada a los considerados lugares de honor. Todo quedó más o menos igual. Recalquemos que en la actualidad nuestro representante Alberto Contador figura en el doceavo lugar de la general, a un minuto con 52 segundos del líder de la prueba, el colombiano Darwin Atapuma, inamovible en su puesto por ahora.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de Orica

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1 COMENTARIO

  1. Efectivamente, nos sorprende algo que seis de las 21 etapas de esta vuelta transcurran por tierras gallegas, que -dicho sea de paso- se caracterizan por su extremada belleza

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