Le maitre Dominique Arnaud

0
7
vistas

Conocí a Dominique durante el invierno de 1989 en la primera reunión de cara a la temporada 1990, la primera con Banesto como patrocinador único del equipo. Aunque por supuesto ya lo seguía por su trayectoria ciclista, personalmente nos conocimos esa noche de invierno en Cercedilla. Él era uno de los veteranos del equipo y sólo cruzarme con él, supe que era un ejemplo a seguir. El corredor que cualquier chaval que empieza debe tomar como espejo.

¿Por qué? por como hablaba, como montaba en bici, como se vestía, como pedaleaba, como se alimentaba, como se movía por el pelotón… Vamos, todo lo que un chaval joven debe aprender lo tenía en Dominique.

Corrí con él las temporadas de 1990 y 1991, que fue su ultimo año. Fui testigo de su ultima carrera: el Giro de Lombardia. Fuimos junto a Jeff Bernard al control de firmas y vi lo que escribió en su ultima hoja del control de firmas, aún lo recuerdo y  no se me olvidara. Puso en sus dos idiomas: “La dernier, la última”.

Dominique era un tío muy positivo y mucho sentido del humor. Competí mucho con él pues me tocó mucho salir a Francia y casi siempre con él. En una etapa del Tour de Limousin, en la que fue su ultima carrera por etapas al menos en Francia, nos escapamos juntos, con otros dos franceses. El me decía: “Paco voy de cine. A muerte”. Lo di todo por él. Al final un chaval de la selección francesa amateur nos robó la cartera al sprint. Él me pedía disculpas por no haber ganado tras la carrera.

Era un ciclista muy profesional y metódico, un corredor muy valorado por los líderes de cualquier equipo: le echaba muchos cojones en carrera. En una Vuelta a Murcia íbamos tirando y un ciclista del Tullip iba escapado. Adrie Van Der Poel, compañero del fugado, perro viejo y uno de los grandes del pelotón, se metió en nuestros relevos para incomodarnos y entorpecer la caza.

Acto seguido Dominique se puso a su par y mientras pedaleaba, sacó la rodilla hacia afuera y le dio un toque en el manillar de Adrie. Se pegó tal buen susto que nos dejó tranquilos. Tras el suceso Dominique viene y me dice: “Ves cómo se hace Paco, esto me lo enseño Bernard”. Imaginad de qué Bernard se trataba. Con eso ya os describo la personalidad que tenía y el respeto que infundia. (*)

Siempre sumaba, siempre aportaba mucho trabajo y mucha entrega. Como en todos los equipos en los que estuvo. Todo equipo necesita corredores con personalidad para arropar a los jefes. Es una labor imprescindible. Lo vemos ahora con Quinziato en BMC, Tossato en Tinkoff y Erviti en Movistar. Esa labor no es nada fácil de hacer. A ello le añadía su buen humor, positivismo y valentía.

Sólo puedo decir que con él aprendí mucho. En solo dos años si te fijas y prestas un poco de atención, no paras de aprender. Todo lo que te he dicho antes: Trabajo, esfuerzo, entrega… pero sobre todo amor por lo que haces. Si lo que haces lo haces con ilusión serás feliz. En caso contrario, a otra cosa mariposa.


Creo que esto ultimo se ha perdido casi totalmente en el ciclismo moderno. En cualquier modalidad de ciclismo, montar y correr en bici se hace por amor y por sentimiento…si no lo haces para disfrutar mal vamos.

(*) Dominique Arnaud corrió con los colores de La Vie Claire de Bernard Hinault y Greg Lemond.

Por Francisco Ignacio San Roman, ciclista profesional en Banesto entre los años 1990 y 1992.

Deja un comentario