Lecciones desde Dubai

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En el reparto del pastel del ciclismo mundial que realizan desde hace un tiempo las dos mejores organizaciones, ASO y RCS, Dubai ha sido la última estación. Los chicos del Giro de Italia han conseguido poner el pie en el rico, y oneroso, emirato, llevando a empujones un buen puñado de estrellas que diera lustre a esta siempre especial edición inaugural.

El Dubai Tour ha caído en manos de un estadounidense mimando y acomodado que ha podido abrir un nuevo ciclo para su equipo. BMC, la escuadra que finalmente materializó su interés por Samuel Sánchez, emprendió este invierno un lifting que se espera culminar con resultados. El conjunto que viste de negro y rojo no se ha caracterizado por brillar como colectivo siendo obvio que el Tour de Cadel Evans es premio escaso y lejano ante la inversión del conjunto de raíz helvética.

Uno de los mejores ejemplos de lo que ha sido BMC estos años lo tenemos en el ganador del Duabi Tour. Taylor Phinney, joven, guapo, alto. Peinado cool, hombre de su tiempo, excelente rodador, como pocos pueblan el pelotón. Ciclista de gran proyección pero de escaso palmarés más allá de triunfos simbólicos como el prólogo de un Giro y esa etapa de Eneco Tour reventando una segura llegada al sprint, algo al alcance de muy pocos, qué duda cabe. Pero Phinney, al margen de destellos ha dado poco, muy poco. Un sueldo de estrella, con todas las letras, para un ciclista que es una promesa. Esa es la gran errata, entre otras, en la gestión del BMC, un equipo decidido a ser diferente al que tan mala impresión ha dado estas temporadas.

A su vez tenemos el duelo en los sprints. Con toda la temporada 2014 por delante, habiéndose comido ni siquiera la mitad de los aperitivos, no es osado decir que Mark Cavendish tiene un problema con Marcel Kittel. Posiblemente el inglés no esté fino como para disputarlo todo, pero es que el alemán, digno protagonista en cualquier filme de temática hitleriana por su ario aspecto, parece un escalón por encima del dominador y no sólo en carreras de relleno, en el último Tour, Kittel explotó de tal manera que dejó muy pequeñas las dos victorias de Cavendish.

Y todo aconteció en un escenario que con todos los respetos es suntuoso y grande, pero inapropiado para el ciclismo, al menos el ciclismo entendido como deporte revestido de calor y acogida populares. Dubai parece origen de importantes inversiones para este deporte, bienvenidas sean, pero el ciclismo en las enormes, y medio construidas, avenidas del emirato sabe a poco, es un deporte artificial, desprovisto de alma. Supongo que esto será cada vez más habitual en el futuro, grandes carreras en países sin tradición alguna, que serán visionadas desde el viejo occidente porque allí al margen de excavadoras, camellos y cuatro despistados, nadie más va. Esperemos que al menos nos dejen las migajas para seguir viendo pasar nuestros ídolos bajo el balcón. Esa esperanza siempre nos quedará.

Foto tomada de velonews.competitor.com