El legado de Miguel Madariaga

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Miguel Madariaga es un tío que gana en las distancias cortas. Grandote, expresivo, gesticulador… tiene todos los aliños para describirse como el perfecto hombretón vasco, con todo lo que ello implica, incluso lo de no saber callarse las cosas y pensar en voz alta.

Hablar con Madariaga es hacerlo con parte sustancial de la historia moderna y contemporánea del ciclismo vasco. Para seguirle la pista cabe ir a los setenta, cuando en Mungia tuvo su primer equipo juvenil. Luego pasó por el Teka, el Super Ser,… en categorías inferiores, aprendiendo, creciendo entre bambalinas de esta mal llamada “familia ciclista”, donde las decepciones se urden a espaldas o se comunican por teléfono.

Fue un día, en Lourdes, acompañado del presidente de la Diputación de Vizcaya, mirando los corredores del Tour, que ambos cayeron en el anhelo conjunto de un equipo vasco ahí, en el mirador del mundo, en el Tour, la mejor carrera del mundo.

Y surgió un esbozo, que se situó en ese enorme edificio que está yendo hacia el aeropuerto de Bilbao, una suerte de mastodóntico seminario en Derio, donde se ubica la sede de lo que entonces fue un sueño y hoy cumple 25 años.

Fue la creación de la Fundación Euskadi, cuya fecha de creación se sitúa en junio del 93. Recuerdo que por esas efechas, esos años, se corría la querida Bicicleta Vasca, que vestía a su líder de azul de Bergara, por homenaje al buzo de los obreros que paraban las fábricas para ver el paso del pelotón.

Con ese germén, pasándolas pero que muy putas, llegaron los años dorados, años naranjas, cuando los mejores del mundo se veían con uno, dos o tres Euskaltel entre ellos, de tú a tú, disputándoles las mejores carreras. El pionero de los grandes días fue Roberto Laiseka, persona parca de palabras, que admira la sinceridad enfrente suyo.

Madariaga ha dejado atrás todo eso. Con el relevo a Mikel Landa se despide de lo que ha sido fuente de sus grandes satisfacciones, pero también de enormes decepciones, porque cuando lo que llena tus horas, se hace con pasión, los sentimientos son tan extremos que se tocan.

Hemos leído esta entrevista en El Mundo Deportivo a Madariaga y nos quedamos con tres párrafos

Sobre Landa piensa que “es la única persona que lo puede sacar adelante, porque es alguien importantísimo dentro del ciclismo y a la hora de conseguir apoyos”.

Que lo ha dejado porque “personas de mucha entidad, con mucha fuerza, me han dicho a la propia cara que me marche. Y no una vez. Varias veces”.

Y ante lo que puedan decir la entrada de dos corredores como Marc Buades y López-Cózar, balear y granadino, una de las suyas: “En el ciclismo en Euskadi hay muchos con la lengua larga y el bolsillo muy estrecho. Eso es lo que hay que quitar. Todos a apoyar y este barco funciona”.

Ya sabéis lo que él muchas veces nos decía los “hijoputas”.

Nosotros hemos sido especialmente críticos con Madariaga, precisamente por no ser autocrítico en gran parte de su discurso, pero al César lo que es del César, y este grandullón se lleva en su alma buena parte de la esencia de lo que hoy es el ciclismo en Euskadi.

Imágenes tomadas de Federación Alavesa de Ciclismo y Ciclo21

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