Lemond, Armstrong y Contador ¿tres historias con final feliz?

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Arrojo estas letras sobre la pantalla en el lapso de tiempo que va desde el fallo favorable a Lance Armstrong al de Alberto Contador. La vida azarosa como pocas, cabrona si se me permite, pone en el brete a personas, hombres y deportistas de muy diferente sino pero con biografías paradójicamente muy similares.

La crono más famosa de la historia
Nuestra historia arranca hace un cuarto de siglo, en unos de los muchos bosques que pueblan la nación más poderosa del mundo. Allí entre la arboleda Greg Lemond, vigente ganador del Tour de Francia recibe un tiro cuasi mortal en pleno ejercicio de caza. Su vigorosa progresión obviamente camina interrumpida. La delgada línea de la vida y la muerte es traspasada por el californiano que llegó a la fría Europa para romper moldes. La vida le daría una segunda oportunidad. Tras tocar fondo psíquico en el Giro, toma la partida en el Tour 89 como un tercer espada en medio de los pujantes Delgado y Fignon. Tres semanas después se coronó rey en París, en el corazón de la República, que guardaba luto por la terrible afrenta sufrida por Fignon. El final más memorable de Tour de cuantos recuerdo.
Lemond era un tipo que me encantaba sobre la bicicleta. Elegante siempre, pertinaz y descarado al principio, frío y homogéneo tras el percance cinegético. Fue rompedor hasta en la inclusión de la cabra en las cronos. Abrió el camino al que por ende debía ser su discípulo a pesar de acabar profundamente enemistado con él. Lance Armstrong, el triatleta, fornido nadador que tras una “cura de caballo”, como gusta decirlo a un viejo amigo, ganó siete veces el Tour con siete veces menos de masa corporal una vez superado un terrible cáncer. Un ciclista que pareció ni sentir ni padecer. Un robot enfundado en maillot y culotte.
Quienes quieran leer mierdas del tejano están en el sitio equivocado. Su maraña judicial ha sido tan jodida de seguir que hace tiempo que desistimos se saber quién tenía razón, él o sus azotadores. De cualquiera de las maneras el fallo que sobre el americano cuelga le exime de todas las sospechas en el plano legal, otra cosa es el popular, tan espontáneo él. De lo que no cabe duda es de la oportunidad que ha gozado esta resolución por producirse horas antes de la que se arroje sobre Contador.
Estadounidense y español convivieron un año en la misma estructura sin excesiva fortuna, al menos en el plano personal, pues en el deportivo demostraron cuán dañinos pueden ser los megaequipos. Antes Alberto pasó por la situación crítica de su cavernoma, enfermedad desmitificada por cierto periodista en una rueda de prensa, la de la Setmana Catalana de 2005 para más señas. “Lo de Armstrong fue mucho peor” le espetó con sus santos huevos. A su vez Lemond fue uno de los más críticos con Contador tras su exhibición de Verbier. De cualquiera de las maneras el año siguiente que Contador dejó el amparo de Bruyneel, y en esencia el de Armstrong, la maquina pitó. Meeeec.
Casualidad o no. Estos tres hombres que hemos tenido ocasión de aunar sobre un mismo chaparrón encierran más obviedades de las que su talante hostil demuestra. Los tres caminaron en la cuerda floja de la vida, vieron a la muerte de frente pero volvieron con fortuna. En el caso de los americanos hasta el final, ahora queda por ver la suerte del madrileño más allá de lo que el TAS estime oportuno decir.
Recordad que durante unos días tenemos disponible nuestra encuesta en la franja izquierda arriba sobre qué joven irrupción más nos ha marcado por su talento, carácter y fina labia. Si no lo habéis hecho podéis votar sobre ocho posibles candidatos e incluso admitimos un noveno en los comentarios para completar una alineación para el Tour. Por cierto Riccardo Ricco gana con insospechada holgura.
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