Lieja, la contracrónica

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El holandés Wouter Poels surgió inesperadamente a última hora de entre un grupo de escogidos en el momento decisivo que tuvo la decana de las carreras clásicas, Lieja-Bastoña-Lieja, que acaba de celebrar nada menos su 102ª edición. Se inclinaron tras la estela de Poels, el suizo Michael Albasini (2º) y el portugués Rui Costa (3º), pisando los tres el podio de honor.

Al asturiano Samuel Sánchez (4º) se le esfumó su gran ilusión a apenas un centenar de metros de culminar la ansiada meta, que se salvaba con una cuesta interminable y hasta angustiosa en la población de Ans, colindante a la conocida ciudad industrial de Lieja. Fue un final apoteósico que se hizo valer a pesar de todo. La primera parte de la prueba fue más bien aburrida, cabe reconocerlo sin excusas.

La competición en litigio tuvo sus más y sus menos. En algunos trazos del itinerario, sobre todo en las postrimerías, los concurrentes debieron soportar la caída de lluvias dispersas, amenizadas por alguna que otra nevada, que asustaron a más de uno. Entre una cosa y otra los ciclistas debieron afrontar once cotas o cuestas que aparecieron una vez cubierto el primer centenar de kilómetros, que fueron nada más un simple tanteo de fuerzas. Destacamos tan sólo una fuga de ocho corredores que cobraron una sensible ventaja y en la cual no se encontraba ningún ciclista español. Esta escaramuza fue neutralizada sin pena ni gloria, tal como era de esperar.

Fue en la cuesta de Roche-aux-Facons, a una veintena de kilómetros del final, en donde la contienda al fin se recrudeció de manera más violenta. Allí se inició la algarabía y más en serio, a toque de fogonazos y con varios protagonistas en danza. En cabeza se sucedía la movilidad con una variedad más que manifiesta bajo la tutela preponderante del equipo Etixx-Quick Step, atento a que no otros llevaran la batuta de las operaciones.

En la cuesta de San Nicolás, dificultad que se situaba a 8 kilómetros de la llegada, se vio la acción contundente del colombiano Carlos Alberto Betancur en su terreno favorito: cuesta arriba. No pudo culminar su ataque de todas a todas al surgir a continuación el italiano Diego Rosa y el ruso Ilnur Zakarin, que tampoco pudieron encumbrar la fiesta a pesar de sus voluntades en el esfuerzo.

Finalmente el golpe decisivo corrió a cargo del suizo Albasini, el portugués Rui Costa, el español Sánchez y el holandés Poels, que se llevaría precisamente el mejor bocado de la tarta en el último centenar de metros de la contienda, una contienda muy viva en el último respiro.

La silueta del holandés Poels, un hombre sencillo

Cuando todos cantaban que los laureles se decantarían favor del corredor helvético Michael Albasini, por sus dotes de buen velocista y al que se le recordaba entre otras cosas por su renombrado triunfo absoluto en la Volta a Catalunya del año 2012, brotó como por arte de magia este hombre del país de los tulipanes llamado Wouter Poels (28 años), oriundo de la población de Venray, encerrada en la provincia de Limburgo, lindante con la frontera alemana, que sin tener un llamativo historial como ciclista ha hecho cotizar sus cualidades a lo mejor un tanto tímidamente. Su camino ha sido más bien silencioso, sin grandes algaradas.

Digamos que milita en el campo profesional desde el año 2006. Se ha adjudicado a lo largo de su carrera varias etapas en la pruebas de largo kilometraje. Venció en una Vuelta a León (2008). Este año se impuso al ganar en la Vuelta a la Comunidad Valenciana, con la suma victoriosa de dos etapas. Adicionó, por lo demás, una etapa en la reciente Volta a Catalunya, la que finalizó en la localidad de Valls, en la 5ª jornada de carrera. Mide un metro con 86 centímetros, una buena estatura, y su peso oscila alrededor de los 66 kilos. Sin embargo, son dignas para tener en cuenta sus prestaciones de fuerza cuando la carretera se enfila hacia las cumbres de la alta montaña.

Y los españoles, ¿qué?

Cabe destacar la 4ª plaza que ha fraguado el asturiano Samuel Sánchez, sin dejar en olvido también al catalán Joaquím Rodríguez (8º), dos veteranos que todavía tienen destellos en el mundo de nuestro ciclismo, este ciclismo español que trata de encontrar a sus posibles sucesores, una motivación que a estas alturas todavía no está clara. Aparte de los primeros clasificados a los que hemos hecho en un principio alusión, nunca está de más que señalemos al ruso Zakarin (5º), al francés Warren Barguil (6º), al checo Krezinger (7º), al holandés Mollema (9º) y al italiano Rosa (10º). Todos ellos se llevaron hacia su casa los honores.

Eddy Merckx marcó un hito histórico

Siempre nos compensa el entrar en el pasado de estas competiciones de carácter importante dentro de nuestro calendario ciclista internacional, que nos obliga a confrontar datos comparativos que poseen un valor histórico y también estadístico. A primera vista está bien asentada la figura del belga Eddy Merckx, aquel ciclista poderoso que marcó una época. Ha sido el corredor que por más veces se ha impuesto en la Lieja-Bastoña-Lieja. Venció en cinco ocasiones (1969, 1971, 1972, 1973 y 1975); mientras que el italiano Moreno Argentin, lo hizo en cuatro (1985, 1986, 1987 y 1991).

En un escalón inferior, con tres, se encuentran hasta la fecha los belgas Léon Houa (1892, 1893 y 1894), Alfons Schepens (1929, 1931 y 1935) y Alfred de Bruyne (1956, 1958 y 1959), y el español Alejandro Valverde (2006, 2008 y 2015), un mérito que no olvidamos. En la presente edición, a pesar de lo que se esperaba por parte del corredor murciano, no ha podido elevar más el listón de acuerdo con sus triunfos.

No es de extrañar el de que en su suelo patrio sea Bélgica la acaparadora de victorias desde que esta clásica, “La Decana”, se pusiera en órbita en el lejano año 1892. Nada menos que 58 primeros puestos avalan su dominio casi absoluto. Le siguen Italia, con doce, y Suiza, con seis, ya muy alejadas en el elenco estadístico.

El ganar con una sola pierna

Hemos tenido oportunidad de acceder a uno de los artículos históricos en el cuál se hace referencia de esta prueba denominada Lieja-Bastoña-Lieja, la más veterana de las carreras clásicas de un solo día del calendario internacional. Consideramos interesante el volver a contar una anécdota que se vivió y que hace referencia precisamente a aquel ciclismo heroico de otro tiempo llamado Léon Houa, un personaje muy peculiar, según nos cuenta el escritor flamenco Jules Hansez, famoso por la soltura de su pluma. Hemos de centrarnos precisamente en la primera edición de esta competición decana, carrera que se adjudicó y que renovó en los dos años siguientes.

Resulta que el corredor belga iba destacado pedaleando hacia la meta que se situaba en la ciudad de Lieja. Nadie dudaba que se proclamaría vencedor indiscutible de la misma dado que poseía una ventaja notable sobre sus contrincantes más directos. A tan sólo a una decena de kilómetros de la llegada, atestada de un público enfervorizado, tuvo la mala fortuna de romper uno de sus pedales. No tuvo más remedio que seguir empujando con una sola pierna el pedal que le quedaba en uso. Era un recurso extremo. Salvó con éxito este contratiempo gracias a su fortaleza física y a su voluntad férrea que puso en el esfuerzo. Le impulsaba una gran ilusión por ganar. Fueron unos kilómetros de congoja que al fin culminaron con una gesta más que gloriosa, una gesta que los aficionados recibieron con admirable entusiasmo.

Se cumplió aquella frase retórica que más de una vez hemos leído en la prensa deportiva escrita: “…de que ganó con una sola pierna”. Esta historieta que hemos comentado aquí es conocida por unos pocos y es considerada como una hazaña increíble en los anales del ciclismo. Es una muestra más de lo que significaba aquel ciclismo de entonces con héroes ejemplares y acusadamente sufridos.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de Liege-Bastogne-Liege

  • Gerard

    Fenomenal crónica de la decana de las clásicas, con la simpática anécdota del ciclista belga que ganó con una sola pierna.