Llamadlo ciclocross, ziklokrosa, cyclocross o veldrijden

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Ciclocross es al ciclismo en invierno

Ciclocross, ziklokrosa, cyclocross, veldrijden…. una palabra, una pasión, una locura, algo que si no lo conoces, si no lo has probado, nunca entenderás.

Un gran periodista se autodenominó una vez “frikicrossista”. Acuño para mí el “palabro”. Como ya he dicho, es muy complicado de explicar, pero quien lo ha practicado o ha estado en un control -ahora por aquello de los moderneces llamado box o puesto de material-, quien ha corrido al otro lado de las cintas con unas botas de goma manchadas de barro, quien ha hecho todo eso, sabe de qué hablamos.

Es sintomático, a una persona de éstas le pronuncias CICLOCROSS y se le ilumina la mirada, le sale una sonrisa, aunque sea en pleno mes de julio. Atemporal.

Para mí es la modalidad más espectacular del ciclismo por goleada. Si la carretera es la madre de todas las demás, el ciclocross es pasión, espectáculo, técnica, fuerza, resistencia, explosividad,…. ciclismo a pecho descubierto.

No hay equipos que valgan, no hay quien se esconda si le sobreviene un día malo. Además de cierta regularidad, el especialista de ciclocross ha de ser rápido, muy rápido cuando los circuitos están secos o helados, muy fuerte y técnico, cuando están embarrados, y más fuerte y técnico aún, en los circuitos de arena…

Pero la característica principal es que hay que hacerlo todo muy rápido; como decía Ramón Trecet, “si parpadeas, te lo pierdes”. Es la gran diferencia con el BTT, aquí has de bajarte y montarte mucho más rápido, tener los automatismos mucho más interiorizados.

Un ejemplo, mirar lo rápido que encajan los pies en las calas cuando saltan encima de la bicicleta, generalmente a la primera.

Pero el ciclocross, en este caso veldrijden, es mucho más. Son patatas fritas y cerveza, mucha cerveza. En Bélgica u Holanda, sobre todo en Flandes, ir a una carrera de ciclocross es un plan perfecto de domingo. Se va en familia, se va en cuadrilla de amigos, van todas las generaciones.

Circuitos a rebosar, pagando, miles de voces animando, coreando el nombre de su ídolo a la vez de respeto hacia el resto de corredores. Entiendo la ilusión de los corredores españoles por ir a Bélgica a una carrera.

Yo tuve la suerte de poder vivir esa locura desde dentro y es algo que está al nivel de correr una gran clásica o subir un puerto del Tour. A pesar de saber que no vas a terminar la carrera, a pesar del dinero, a pesar de la paliza de viaje, como experiencia compensa.

Eso sí, que nadie se piense que por ir a Bélgica y volver se va a mejorar. Con estancias prolongadas y corriendo a menudo un buen calendario internacional, un corredor mejorará, se adaptará a aquellos circuitos, pero si no mama ciclocross desde que es un niño, nunca, nunca, absolutamente nunca, llegará a ser un gran corredor de ciclocross.

Yo fui uno de esos corredores que llegó al ciclocross cuando se le acabó la carretera. Y mejoramos, hicimos cosas decentes, pero teníamos un techo marcado por aquellos años que no practicamos y mimamos esta modalidad, por los años que invertimos en intentar ganar dinero con el ciclismo.

Y ahí está el gran hándicap de esta modalidad, que excepto unos pocos corredores, no da dinero. Aunque, no nos engañemos, ahora mismo en carretera hay corredores que pagan por correr, pero éste sería otro tema.

En España, como en otros muchos países, mientras los jóvenes corredores no vean la posibilidad de ser profesionales del ciclocross y sí de la carretera, seguiremos siendo una comparsa a nivel mundial, por mucho que la excepción que confirma la regla, Felipe Orts , y alguno más, pero él es la joya de la corona, se empeñe en lo contrario.

Y es que amar el ciclocross es amar la esencia misma de la bicicleta.

Por Unai Yus

Imágenes tomadas del FB de UCI Cyclo-cross

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