Lo absurdo del picotazo de Vincenzo Nibali

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Un día tendría que pasar una desgracia mayúscula. Un día que pudo haber sido el de la crono de esta Vuelta. El picotazo de una abeja hizo correr a Vincenzo Nibali con la cara hinchada y una merma de visión obvia ante uno de los test más importantes de la carrera que busca ganar por segunda vez. Un día pasará una desgracia, aunque  esperemos que no lleguemos a ese extremo, pero quizá deba pasar para reparar en lo absurdo del suceso. .

En la posterior rueda de prensa, haciendo balance del día el titular del maillot rojo decía lo siguiente:

“He pedido permiso a la UCI y no me han dejado tomar la medicación. A lo mejor se podrían tener en consideración este tipo de situaciones porque fastidia mucho y se podría dar algún permiso en estos casos tan evidentes. Me parece muy injusto”

Así es. En el extracto sacado de www.biciciclismo.com Nibali confiesa su impotencia ante una situación que es dantesca. No poder aplicar una pomada, en estos casos si no me equivoco con cortisona, le supuso al ciclista un plus de estrés sumado al que la disputa de una gran carrera ya genera de por sí. Eso sin contar con el plus de inseguridad. Sinceramente, la decisión es paranoica, genera susto y desconfianza en los métodos y expone al corredor, ese bien preciado que UCI, equipos y organizadores dicen que hay que cuidar y por cuya salud velar.

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Recuerdo a Purito Rodríguez hace tres años subiendo al podio de la Peña Cabarga con unas llamativas gafas de sol por un incidente similar. Ese día el catalán no pudo mirar a los ojos al gurú Miguel Angel Revilla. Pocos días antes, en la Vuelta a Polonia, a Chechu Rubiera una abeja le hizo un destrozo similar.

Sin embargo el caso más llamativo ocurrió con el ahora controvertido director del Garmin, Jonathan Vaughters, quien acabó con el rostro de “Quasimodo” por un picotazo de abeja. Fue en el Tour de 2001 y dado que era imposible aplicarle una pomada sin que la máquina pitara optó por el abandono.

Mientras otros deportes defienden hasta la infiltración como método para forzar la máquina y que el rendimiento no decaiga –miren esta entrevista de Olga Viza sobre la ausencia de Messi en la semifinal de la Champions frente a Bayern de Múnich- en ciclismo se discute sobre la aplicación de una pomada que baje una hinchazón que perjudica la integridad del competidor.

Ciertamente es deplorable y lo peor es que el colectivo lo consienta. Lo de Nibali puede ocurrirle a cualquiera –como vemos antecedentes hay- y discutir la norma no es poner al colectivo bajo sospecha sino velar por los derechos de quienes sostienen el circo, porque no lo olviden, sin ciclistas no habría ciclismo.

Foto tomada de la cuenta de Twitter de @LucaGialanella

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