Lo bueno sí tiene porque volver

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Cada vez que el calendario o plantel ciclistas nos dejan la noticia de una baja, la caída de un equipo la no celebración de una carrera, una punzada nos rebaña la corteza del corazón y tememos por tiempos peores. Pero cuando la perspectiva histórica ya domina tu visión, los años te caen y las cosas se ven entrar, salir, pasar y virar, se entiende que la vida es algo más, que todo sigue. En ese sentido, y aunque el saldo en los últimos diez años es eminentemente negativo, se ha perdido mucho más que ganado, también tenemos algún soplo de aire que alienta el anhelo de un futuro mejor.

Este fin de semana tiene lugar un acontecimiento ciclista muy especial y desapercibido. En Barcelona este año el Sport Ciclista Català celebra sus cien años de existencia. Cien años. Nacieron en los albores de la sociedad industrial, convivieron con dos Guerras Mundiales, dos dictaduras, la de Primo y Franco, con una República y ahora en una deteriorada democracia. Qué no nos contarán sus anales. Ciclismo plateresco, manual, artesano frente la podredumbre de lo mediático.

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Yo sé un poco de la historia de esta institución. Por ejemplo que uno de sus mentores fue Francisco Canto Arroyo, humanista de hace un siglo que además fue periodista y para colmo firmaba alguno de sus relatos como “Joan Seguidor”, ¿les suena?.

El Sport Ciclista celebra su singular efeméride con la llamada “Festa del Pedal” (Fiesta del Pedal), un acto que en Catalunya es sinónimo de amor por la bicicleta. Os pongo en antecedentes, la fiesta en cuestión se creó en 1913 con la contribución de varios clubes de la época, esos locos que introducían la bicicleta en una sociedad que aún se movía con carretas. Aquello fue una excursión que salió de primera hora desde el Paseo de Sant Juan de BCN y finalizó en Sant Cugat con 200 participantes que superaron los pasos por Sant Andreu, Montcada y Cerdanyola. Al mediodía hubo una comida de confraternización y por la tarde un seguido de actividades relacionadas con la bicicleta.

Ya lo ven, esa sociedad, eminentemente arcaica e involucionada se sabía divertir, sin ungüentos ni artificios. Lo hacía a través de un elemento tan universal como la bicicleta. Con el tiempo la Festa del Pedal creció en popularidad y prestigio. Anualmente clubes de todo lugar y estatus se solapaban para organizarla. Sant Boi del Llobregat, Granollers, Sabadell,… El evento volvió en 1940 con sede en Lleida y dejó de celebrarse en 2007 en Sant Cugat del Vallès. Ahora el SC Català lo recupera. Que sea el primer peldaño…

Foto tomada de http://www.sportciclistacatala.org/

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