Lo que implica organizar….

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Nada más terminar una edición de la prueba femenina internacional por etapas, ya hemos realizado el balance deportivo: satisfacción.

Llega la hora de hacer el balance económico: preocupación. Preocupación porque el 90% del presupuesto hay que cubrirlo con dinero público que se recibe, siempre tarde y en ocasiones demasiado tarde.

Preocupación porque el ciclismo femenino no tiene tirón, aunque contemos con una mínima cobertura televisiva, ¿a cuánta gente le interesa en este país?

Así que, tratar de encontrar patrocinios privados es una aventura, con exiguos resultados por no definirlo como pérdida de tiempo. ¿O será que no sabemos vender la carrera?

Los Ayuntamientos, salidas y destinos para las etapas no andan muy boyantes en cuestiones de tesorería, así que, ¿para el año que viene cómo lo haremos?. Hay que esperar hasta noviembre, diciembre o incluso más tarde para lograr encontrar localidades dispuestas a acoger una carrera femenina y siempre a un coste exiguo por no decir irrisorio, para que nadie se ofenda.

¿Y a cambio qué ofrece la organización?  es la pregunta casi retórica, la que siempre nos hacen. Utilizamos el argumento más convincente, desde nuestro punto de vista, el deportivo: las mejores ciclistas del mundo con los mejores equipos. Pero que participe la portadora del arco iris, no es lo mismo que ver correr a Peter Sagan y que vengan hasta siete campeonas nacionales, de otras tantas potencias del ciclismo femenino, es una nadería para el común de los mortales.

Luego está el constante aumento de costes de la prueba, comenzando por las facturas hoteleras, algo que al otro lado de la balanza no se compensa lo más mínimo, porque las subvenciones institucionales se mantienen en idénticas cifras año tras año.

En resumen, dos-tres meses de gestión, un mes de papeleos con documentos de la prueba (itinerarios, perfiles, mapas, reglamentos…) y una semana de mano de obra (montajes, señalizaciones, etc.). Finalmente, recoger facturas y pagarlas cómo y cuándo se puedan.

Las chicas bien, volverán el año que viene, prometido, y se despiden subiéndose al furgón con una sonrisa. A nosotros se nos cae la baba. Nos han vuelto a “engañar”, así que a empezar de nuevo para poder invitarlas a venir el próximo año.

¿Y nosotros? A final de año si sobran unos euros nos juntaremos para cenar, y si no, da lo mismo, nos pagaremos cada uno lo suyo mientras hacemos planes de futuro para repetir la jugada.

Por Agustín Ruiz Larringan, organizador de la Emakumeen Bira

Imagen tomada de www.ciclo21.com

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