Lo que la verdad de David Millar esconde

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Lo que la verdad de David Millar escond David Millar sitúa la Vuelta a España de 2001 como el eje de su vida. Aquella fue la primera carrera que corrió dopado con EPO, tras una plácida estancia en los idílicos parajes toscanos. Su aventura con el dopaje duró según vemos en su libro y cuenta en el reportaje que Michael Robinson le dedica en su “Informe” dos años. “No encuentras una mejora sustancial. Todo es un poco mejor: corres un poco más y durante más tiempo, recuperas mejor” viene a describir sobre los efectos del dopaje.

Tres meses después de leer su libro, completado con la visualización del reportaje de Canal + y las palabras que pudimos tomarle en el vídeo que aquí mismo tenéis, sigo pensando que David Millar se ha caído de un guindo para lo que quiere. Que sigue siendo el iluso jovenzuelo que de boca de Tony Rominger oyó las “bondades” del ciclismo profesional y que se cree con razones de convencernos que su historia tiene final feliz.

Porque la exposición del corredor ofrece lagunas. Acabé su libro, recuerdo, durante el Tour de Francia, y sinceramente enfrascado en la carrera, no quisimos hurgar, quizá también por que su impacto mediático no necesitaba de nuestro modesto empuje, llegué a pensar. Sin embargo con la postulación de Robinson algunas conclusiones me han reafirmado en que no es todo limpio lo que nos vende. Una de ellas es ese trazo grueso entre el dopaje en amateur y profesionales. Establece una línea que para un servidor es difusa pero que en sus palabras supone un pequeño Tourmalet. Un detalle, tonto si quieren, pero revelador de que no pone toda la carne en el asador.

A su alrededor emiten juicios Jonathan Vaughters y Christian Vandevelde. El primero fue compañero en los primeros años de Armstrong, el segundo ha sido involucrado en una trama de dopaje que le incrimina como consumidor. Las opiniones de ambos siguen el parámetro de Millar. Incluso se atreven a afirmar que el ciclismo actual es más limpio. Es un discurso que he oído tanto que hasta quiero creérmelo, pero no es tan sencillo, sobretodo por que los dos personajes mentados son parte del enraizamiento que esta lacra clava en el deporte.

El dóping es un cáncer. Una enfermedad muy poderosa, y su tratamiento, como cáncer que es, no se aborda en pequeñas dosis, la aplicación de quimioterapia es el mal menor, y eso supone atajar de raíz, arrancar el mal de cuajo. Pero no resulta sencillo pues en la cura del enfermo te lo puedes llevar por delante. David Millar piensa que en pequeñas dosis, donde creo que esconde más que lo que dice, está la solución. Pienso que no. No obstante su labor por sacar el Garmin y esas diatribas frente al dopaje merecen aplauso.

Otra cuestión será esa omertá donde toma por norma enseñar y no esconder. Sabe que si destapa, su ciclismo, su vida, su mundo se vendrán abajo, por segunda vez, y eso es tan valioso que en un legítimo acto de egoísmo no se atreve a romper. Esas barreras sí que las tiene bien marcadas.

2 COMENTARIOS

  1. Sigue mintiendo.Sancion de por vida ya a todos los sancionados por dopage.De su libro, demoledor cuando explica que ganar dopado era un alivio no una alegria…..Tyler Hamilton en el suyo dice que su fuerza estaba en las bolsas que se chutaba no en sus musculos…….
    Al hilo de el post "ese padre que ve partir a su hijo en bici"…. podrias hacer "ese hijo que le dice a su padre que quiere ser ciclista….

  2. He leido el libro y este mediodia he visto el Informe Robinson. Creo y quiero creer en David Millar. Su acto honra su persona y hace que podamos creer en este nuevo ciclismo que practican equipos como Garmin o Sky.

    Puede y seguro que hay lagunas y partes escondidas en el discurso de Millar pero entiendo que él solo no puedo salir y quemar todas las naves, no puede ser un "Yo contra el mundo". Y quiero creer en este nuevo ciclismo porque asi lo indican los parametros en los que nos movemos en este deporte, las velocidades medias, tiempos de ascensión y similares han descendido, simptoma claro de que algo pasa. Des de finales de los 80, todos los 90 y parte del 2000 estos tiempos eran "bajos" y se volava, ahora estamos en claro retroceso.

    Quiero creer y creo a David porque ha reunido el valor suficiente para exponerse a la opinión publica y publicada y contar su historia, y lo más importante pedir perdón. Recordemos que ha otros les encontraron bolsas de sangre, han estado sancionados 2 años y siguen negando la ayor. Por no hablar del filete de Irún.

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