Lo que le falta a Sagan le sobra a Kiatkowski y viceversa

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Esto es otra cosa” dijo Peter Sagan cuando, apeado de la ruta, se montó en el coche de equipo de la París-Roubaix, de su primer Inferno, hace cuatro años, justo después de deslumbrar camino de Niza unos meses antes. Se distinguió entonces su talón de Aquiles que con el tiempo se significó como la gran debilidad del fenómeno eslovaco: la grandísima distancia. Desde el principio de los principios, Sagan tuvo una obsesión superar con garantías los 200 kilómetros, una obsesión que sigue siendo tal. A veces se le ve díscolo, feliz y relajado, es un showman pero cuando debe trabajar duro lo hace, y consta que este invierno se preparó fuerte para los monumentos, esos que aún se le resiste. 

Cuando Sagan se fugó camino de Siena con Michal Kiatkowski en el desenlace de la Strade Bianche, muchos se apresuraron a decir que aquel era el duelo del futuro. Lo podrá ser, es muy posible, si bien en ciclismo las cosas cambian tanto de un día, qué no habrá de pasar en unos años. No obstante nos tocará esperar porque la primavera de ambos ha sido desigual, donde Kiatkowski se ha mostrado fuerte, que no efectivo, en la larguísima distancia, Sagan ha estado sobrado, en pegada, y al revés pasa lo mismo.

Si vemos la campaña primaveral de Sagan ahí queda su frío resultado, casi tanto como el día, de San Remo. Pólvora mojada, nunca mejor dicho, en un día que llovió a mares, tras una jornada de 290 kilómetros que le dejó paradójicamente seco en la disputa de un sprint que por debajo de los 190 kilómetros no se le habría escapado, con permiso de Cavendish. Igual que en Flandes, cuando no pudo estar con los hombres fuertes en el momento clave, más allá de los 220 kilómetros, cuando Greg Van Avermaet empezó a ponerse pesado.

Pero en el haber del eslovaco está su victoria en Harelbeke, tan pulcra, tan clara. Mandando como un capo, que lo es del pelotón, saliendo a los ataques, sí, pero en una clásica que raya los 200 kilómetros. Y luego Roubaix, en la que menos presión tuvo, y en la que estuvo mejor, si tenemos en cuenta las expectativas. Sagan tuvo velocidad en momentos puntuales pero no fondo.

Todo lo contrario que Kiatkowski, sensación del inicio de campaña, encadenando Mallorca, Algave, Strade Biache,… hasta que Contador le dejó claro que su límite está en la alta montaña. Pero este polaco de estrecho pedalear, tuvo espaldas anchas, y tras ser segundo en País Vasco, completó con podio las mal llamadas –como diría Luis Roman,- clásicas de las Ardenas. Tercero en las tres, a él el argumento de la edad no jugó en su contra y se creció, pero a diferencia de Sagan le falto velocidad y vista. Velocidad en Lieja, contra dos ciclistas mucho más formados que él, Gerrans y Valverde, vista en la Flecha, donde se precipitó, y fuerzas en la Amstel, con Gilbert estelar. El duro polaco tuvo fondo, el que esquivó a Sagan.

Esto es el ciclismo, la vida, nunca sonríe a gusto de todos. Mientras Kiatkowski juega su suerte en Romandía, estos dos portentos buscan nuevas metas, el Tour está en el horizonte. Grandes jornadas nos prometen.

Imagen tomada de www.dorsal51.com

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