Los ángulos del Tour

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El Tour de Francia, la prueba más atractiva y popular con que cuenta el calendario internacional, iniciará mañana sábado, día 2 de julio, nada menos su 103ª edición, en cumplimiento a una tradición sugestiva que viene de años y que tendrá como escenario de salida, la región de Normandía, concretamente a la sombra de la abadía del célebre Mont de Saint-Michel, un singular lugar que no desmerece y que acapara nuestro más vivo elogio por lo que representa su pasado histórico y la magnificencia de sus paisajes de los alrededores extremadamente llamativos. Allí la caravana multicolor rodante empecerá su periplo encerrado bajo mil incógnitas por dilucidar y que se vivirán en el transcurso de las veintiuna etapas que componen su recorrido, un trazado cuya distancia total a recorrer será de 3.519 kilómetros.

Algunas novedades del Tour

El Tour ha abandonado, en cierta manera, la fórmula un tanto peculiar que consistía en comenzar su aventura ciclista en territorio extranjero, un acontecimiento que sirvió para reforzar un evidente carisma internacional. La caravana ciclista pisará, pues, suelo francés, salvo una incursión esporádica en los confines españoles, una visita al Principado de Andorra y otra, pisando el suelo helvético, léase Suiza.

Alternativa a resaltar es que cada equipo concurrente estará formado por nueve unidades. Se involucra un mayor riesgo ante las caídas masivas que suelen producirse básicamente en las etapas iniciales. Las carreteras son insuficientes para absorber tan numerosa y apelotonada multitud de ciclistas. Figurarán en liza veintidós equipos, lo cual se traduce en alinear en la línea de salida un conglomerado de 198 corredores. En esta edición, además, persistirán las bonificaciones en todas las etapas en línea, una ocurrencia a la que nunca hemos asimilado. Falsea la realidad que nos marcan las manecillas del reloj, el juez de la contienda.

Las montañas darán su veredicto

El Tour siempre se ha caracterizado por el dominio impuesto por los puertos de alta montaña. En esta ocasión se cruzarán nada menos 57 cimas distribuidas en varias categorías. Nos llama notablemente a la atención, por ejemplo, el de que se deberán salvar en los Pirineos trece cumbres, mientras que posteriormente en los Alpes, la cifra se elevará a dieciocho. No hay duda que el interés de la carrera se centrará más bien en las ascensiones alpinas. Las jornadas pirenaicas no pasarán de ser un simple tanteo preliminar.

Es conveniente exponer que habrá seis etapas con sendas llegadas en alto. Serán: Côte de la Glacerie (2ª etapa), Col de Font de Cère (5ª), Ordino-Arcalís (9ª ), Mont Ventoux (12ª), Finhaut-Emosson (17ª) y Saint-Gervais Mont Blanc (19ª). Otra faceta a tener en cuenta serán los dos sectores corridos bajo la modalidad de contrarreloj. En la lucha individual cara al viento, existirá un final en La Caverne du Pont-d´Arc (13ª etapa), de 37 kilómetros, y un segundo trazado, una cronoescalada, con término en Megève (18ª), de 17 kilómetros. Esta vez las aspas del reloj no tendrán tanta influencia cara a la clasificación general como en otras ediciones. Su suma global equivale a 54 kilómetros cara al viento, un dato que contrasta en menos con respecto al pasado. Los especialistas en esta dura modalidad verán disminuidas sus posibilidades de éxito.

La ruleta de los favoritos

Somos sinceros en exponer que sólo colocamos en lugar preferente a dos corredores como dignos favoritos para vencer el actual Tour de Francia en litigio. No son otros que el británico Chris Froome y el colombiano Nairo Alexander Quintana, que llevan realizados méritos suficientes en el curso de la presente temporada. Nuestro país, España, presenta en lugar destacado a un cuarteto de cierta casta que formalizan el madrileño Alberto Contador, el murciano Alejandro Valverde, el catalán Joaquim Rodríguez, veteranos ellos, y la nueva esperanza vasca, Mikel Landa, cuyas aptitudes reales quedan todavía por dilucidar.

Por otra parte, creemos conveniente adicionar a algunos otros ciclistas que participan en la ronda francesa, poseedores de un cierto prestigio y que no podemos silenciar. Se trata de los italianos Vincenzo Nibali y Fabio Aru, los franceses Thibaut Pinot y Romain Bardet, el estadounidense Tejay Van Garderen, el australiano Richie Porte y el holandés Bauke Mollema, corredores que merecen ser apuntados para avivar y dar emoción a esta cita ciclista de alto copete. Aparte de los corredores que acabamos de citar ante una prueba de largo kilometraje de estas características, siempre aparece alguno que otro hombre del pedal que rompe moldes inesperadamente y se coloca entre los primeros de la general. Constituye una realidad que suele irrumpir un tanto de sorpresa y que acapara sistemáticamente un notable protagonismo.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada del FB del Tour de Francia

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