Los años que condujeron al desastre

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Hay algo especial en Paul Kimmage. Te puede caer bien, te puede gustar, o no, lo que dice y explica, pero al menos tiene algo poco común en la gente que nos habla, y no es otra cosa que coherencia.

En “Una dura carrera”, el libro que Libros de Ruta ha sacado del primero ciclista y luego escritor irlandés, Kimmage ofrece una vision circular del ciclismo: primero como ese niño que se desvelaba pensando que ganaba en Alpe d´ Huez, luego como el ciclista que rema y rema pero ve que no llega, posteriormente como el ciclista que vende su cuerpo y alma al dopaje para sobrevivir en un medio hostil no, lo siguiente, y finalmente como el periodista y escritor que todo lo mira desde el escepticismo y desilusión de quien sabe de las tripas del negocio des de dentro, de quien se ha encontrado con un mundo muy alejado al paraíso que un día dibujó en la mente de un niño.

Hay dos trozos que quiero traeros del libro que creo ilustran lo que estamos diciendo. El primero hace referencia a ese momento, ese zaguán que cruza hacia lo desconocido que es la admisión de “clavarse” una jeringuilla por primera vez, ese momento que quien más quien menos se lo pregunta sobre el deporte profesional y que Kimmage no escatima en su relato.

Me preparan la jeringuilla. Como es mi primera vez, deciden que con 7 centímetros cúbicos es más que suficiente. La dosis normal es de diez a quince, pero los tíos más duros la duplican e incluso triplican a menudo. Las anfetaminas hacen su mayor efecto durante las dos o tres primeras horas, tiempo después del cual sus efectos disminuyen

Así fue, lo relata él mismo, su primera vez, a puertas de un criterium en el que todo estaba “atado”, hasta el ganador y sus compañeros de podio, pero en el que el ritmo endiablado le hacía dudar de aguantar en el pelotón.

Kimmage dejó pronto el ciclismo -corrió tres Tours y un Giro- hastiado de sufrir para nada y sentir que estaba en él fruto de la amistad, y beneficencia, con Stephen Roche. Muchos años después volvió al Tour, como periodista y en una conversación literalmente se pellizcó al ver cómo los escándalos de dopaje no minaron el interés por el Tour.

¿Y qué les parecen todos esos escándalos de dopaje?” pregunto. “¿No han hecho que disminuya sudación por el Tour?”
“En todos los lados es lo mismo”, responde encogiéndose de hombros. “Antes competían por amor, pero ahora todo es eso”. Mueve repetidamente el pulgar contra el índice.
“Pero ustedes siguen viéndolo”.
“Sí”.
“¿Por qué?”
“Es el Tour”, insisten
.

Así es, el sacramento más ciclista que existe, el Tour, la competición deportiva que más escándalos ha arrojado en los últimos tiempos pero sigue siendo gradada, porque “es el Tour”. No caben más palabras, ni garabatos. Kimmage prosiguió camino a la cima tras su charla, porque no había vuelta de hoja. Estaba en los días posteriores a la explosión de la Operación Puerto y previos al positivo de Floyd Landis.

Entre otras cosas “Una dura carrera” es el antiglamour hecho libro, el ciclismo que no se ve en las cámaras, alejado de los focos y los medios, el paso anterior a la “gloria”, y en el que se queda una inmensa mayoría. Kimmage tuvo suerte, porque su vocación ciclista se apagó en el momento que emergía otra, la periodística, pero ilustra con un nombre y apellido, Thierry Claveyrolat, lo complicado que es volver a ser ciudadano normal tras una carrera entre bicicletas y linimentos.

Personajes, situaciones, momentos,… un buen libro, de verdad, un retrato de los años en los que todo se precipitó hasta hacerse tan grotesco que acabó pasando todo lo que pasó… (*)

(*) Entre otras muchas cosas el affaire Festina del Tour 98, con un personaje clave en todo, Bruno Roussel, un técnico que creció en el RMO en el que militó el propio Kimmage.

Imagen tomada del irishpost.co.uk

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