Los cada vez más difusos límites de Bradley Wiggins

1
16
vistas

Admitámoslo, Bradley Wiggins nos cae bien a medias. A ello contribuyen su cara de londinense empedernido, a pesar de ser oriundo en la hermosa Gante, esa afilada lengua que luce en el momento más inoportuno y esas formas tan despectivas que en ocasiones le hemos identificado en competición, qué no diría de él Sergi Escobar de sus años de pistard.  

Confiado en el futuro
De cualquiera de las maneras, y cual resultona cebolla, las capas de las que se va desproveyendo este larguirucho inglés nos dejan de descubrir un potencial corredorazo del cual, a día de hoy, nadie se atreva a señalar ni techos ni topes. A su vez ejerce presión el beneficio de la duda cuyo efecto aún sigue surtiendo efecto, pues las circunstancias aún no le han dado la situación idónea para hacer “su” Tour perfecto. Una vez fue cuarto ante todo pronóstico –la edición de 2009 no se destacó por su dureza- al año siguiente se llevó un mal resultado por día que le llevó a contrapié toda la carrera y el pasado la escabechina de caídas no le respetó.
Toda vez que el Tour concluyó con él fuera del mismo, en la Vuelta sí que vimos a ese ciclista que creemos capaz de explosionar. En un recorrido muy hostil para sus características demostró una progresión fuera de toda duda e imposición de límite abriendo las puertas a nuevos terrenos con acciones como la de La Covatilla, donde nos recordó esos “forcings” que accionaba un tal Miguel Indurain, sin prisa pero sin pausa, cuando la ruta miraba al cielo, y pone a flor de piel las debilidades de cada uno. Como Miguel también nos ha impresionado en el Col d´ Eze con una “performance” que redondea esta semana esclarecedora. Sin aspavientos, sabedor de sus límites, se esconde en el grupo, en la coraza de su negro y potente Sky hasta que toma las riendas, transmitiendo autoridad cuando merece la ocasión.
Esa sensación nos ha calado hacia Mende, un lugar muy poco apropiado a sus características de rodador pero perfecto para ver cuán seria es su apuesta y ésta lo es, pues a la lógica ambición por hacerlo bien en el Tour cabe sumarle la explícita renuncia de opciones que le supone para la crono olímpica que se celebra en su casa, por sus calles, en la ciudad que le vio creer. Obviamente sus dos grandes rivales, Tony Martin y Fabian Cancellara llegarán ese día con el descargo de esfuerzo que él deberá  asumir en las semanas anteriores.

Integrado además en el equipazo que sobre el papel, y en la práctica, está resultado en Sky, a Wiggins se le presentan todos los condicionantes para ahora o nunca alcanzar las cotas que supuestamente nunca soñó hace cuatro años cuando su aureola de pistard quizá no le dejaban ver con nitidez una potencialidad enorme en las grandes vueltas. Su cita es además con la historia, jamás un británico ralló a tal nivel.

Publicidad

1 COMENTARIO

Deja un comentario