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Los caminos divergentes de Mosquera y su último equipo

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Los caminos divergentes de Mosquera y su último equipo

LBD Cambrils P

La semana ha nacido con la sabida, y también presumible, retirada de Ezequiel Mosquera. Hastiado por tanto vaivén burocrático, el gallego ha decidido poner punto y final a esta agonía que le desangraba en lo moral y económico con la sensación de que pasado año y medio está exactamente igual, o peor, que al principio.

Colores de moda
Mosquera se va del ciclismo por la puerta de atrás, justo al pasar por el arco de la gloria de la Vuelta de 2010, algo similar a lo que le ocurrió a Quique Gutiérrez tras el Giro 06 cuando fue segundo sólo batido por Ivan Basso. Admite en Vavel haber estado “luchando contra un muro” más empinado que la Bola que le vio triunfar efímeramente, la del Mundo. Su caso entronca con el de otros muchos que sin saber muy bien porqué ni a qué obedece acabó por cerrarle las puertas del ciclismo profesional.
Podríamos decir que otro cadáver en la cuneta, un nuevo desnucado, nada que no pueda impedir que la rueda gire, que el circo siga. El círculo vicioso que nunca frena ni admite víctimas, éstas son las consecuencias de que el sistema siga vigente. A Ezequiel, lo dijimos en su día, le tocó lidiar como malo de una película donde el bueno era un ciclista nacido en Pinto, y claro con tantos inconvenientes, como en lo social, la cuerda se rompe por el lado más débil. Suerte en tu nueva vida Ezequiel.
Paradójicamente el último equipo del gallego, el Vacansoleil, vive sus mejores días desde que apostara a ciclismo. El camino del cuadro holandés no ha sido sencillo, qué va. Ha supuesto un calvario de dinero, paciencia y tragaderas. El primero por que le tocó pagar más allá del patrocinio del equipo llegando a ser parte del “club” de partenaires de ASO y algunas de sus carreras. El segundo pues las puertas de las mejores carreras se le cerraron en muchos momentos cuando el equipo crecía con pausa y sin prisa.  Y el último por tener que lidiar con el desaprensivo de Riccardo Ricco y con el papelón del propio Mosquera. Para llegar a la semana gloriosa que han vivido en París y Niza la ruta no ha sido fácil, más bien se podría definir “espinoso”, como aquellos alambres que desangraron los gemelos de Hoogerland. La seña de entrega arrojada por sus mejores ciclistas eclipsa incluso al equipo patrio de los tulipanes, el omnipresente Rabobank, que ve en los azules la sombra que muchos años no adivina en las fronteras del diminuto país del Benelux. 

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