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Los cicloturistas no son como maletas

Opinión ciclista

Los cicloturistas no son como maletas

Los cicloturistas no son como maletas

Tiempo de lectura:1 Minuto

Los buenos cicloturistas también saben de los lugares por donde pasan

Esto es una historia real…

Era mayor, pero no aparentaba para nada sus 83 años muy bien llevados.

Erguido, luciendo pelo largo blanco y una poblada barba también nevada, se acercó a mí, mostrándome su rostro labrado por el sol y sus arrugas que lo surcaban, en donde se podían leer la historia de su vida, en forma de recuerdos impregnados en su piel.

-¿Qué tipo de cicloturista eres? -me preguntó, dirigiéndose a mí.

Estaba tirando unas fotos a las murallas que rodeaban aquella espectacular población medieval escondida en el fondo del valle, un lugar parado en el tiempo, inmerso en la pasmosa tranquilidad de una comarca de vino, aceite y agua.

Le contesté que ya eran muchas las visitas realizadas a tan emblemático e histórico sitio, y entablé una animada conversación con aquel lugareño, pintor por devoción de esta tierra, nacido y criado en este enigmático pueblo, divorciado después de 35 años de matrimonio y uno de los poco más de 160 habitantes de los que constan como censados en este pintoresco priorato.

Es que son muchos los que ven la bella vista del pueblo desde la carretera, bajan de sus bicis, hacen una foto y marchan enseguida. ¡Luego dirán que estuvieron aquí sin haberlo visitado! -me dijo algo disgustado.

Asentí con la cabeza mientras escuchaba sus atentas explicaciones sobre la construcción de estos misteriosos edificios enclavados en la tierra.

 

Slow cycling

Me habló de sus calles, su iglesia, sus puentes, sus rincones ocultos empedrados, donde aún se oyen ecos del pasado.

¿Sabes qué pasa? Estoy un poco harto de los que vienen aquí, miran cinco minutos, casi no paran ni hablan, son como maletas, viajan arriba y abajo pero no ven nada.

Me gustó su reflexión y he querido compartirla con vosotros.

Dejemos de ser cicloturistas maletas y empapémonos de los lugares que visitamos, impregnémonos de las tierras por donde pedaleemos y aprendamos de sus gentes.

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Paremos y charlemos con ellos.

Quedan pocos lugareños así pero aún podemos hallarlos en forma de guías voluntarios y desinteresados, aprendiendo y disfrutando de su sabiduría popular.

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