Los clasicómanos de la EGB

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Dicen los psicólogos, sociólogos y muchos “logos” por ahí que hay cierta tendencia a mirar a la década de los ochenta con nostalgia. Nosotros hemos recuperado un listado de esa época, publicado por Cycling Weekly, para ir haciendo boca ante la primavera que en un mes escaso ya tenemos aqui cuando Ian Stannard ponga en juego su dorsal número uno de la Het Nieuwsblad. Es el listado del EGB.

Rudy Dhaenens fue el campeón de mundo de Japón, escapado con con su compañero De Wolf. Fue dos veces podio en Roubaix y murió por accidente de tráfico tras una vida marcada por una débil salud.

Guido Bontempi es el vivo ejemplo de velocista que se hace bueno en clásicas por necesidad, habían más rápidos, y excelente físico. Dos victorias en Wevelgem y otra en E3 adornan su estantería.

Charly Mottet fue un gran ciclista de carreras de un día a pesar de sus buenas prestaciones en grandes vueltas. Ganó Lombardía y Zúrich y protagonizó buenas carreras en las Ardenas.

Eddy Planckaert es parte de una dinastía en que todos fueron buenos en el adoquín y Eddy no fue excepción. Su victoria en Roubaix frente a Bauer queda entre las más apretadas de la historia.

Marc Madiot hoy dirige la FDJ entre gestos y gritos, como corredor fue un excelente clasicómano especialmente inspirado entre París y Roubaix que ganó dos veces, cosa que no le impidió pisar el podio de Lombardía.

Steven Rooks fue el compañero de podio en el Tour de Perico pero pudo hacerse con una Lieja y otra Amstel al margen de insertarse entre Bugno e Indurain en el Mundial de 1991 en Sttutgart.

Francesco Moser fue una leyenda en pista y ganador de Giro que sin embargo consiguió tres Roubaix y una San Remo. A pesar de sus declaraciones muchas veces desafortunadas su sello fue realmente enorme y transcendió más allá con su récord de la hora.

Greg Lemond ganó tres Tours pero ello no le impidió disputar la práctica totalidad del calendario, principalmente antes de su accidente. Dos veces campeón del mundo fue podio en Lieja, Lombardía y San Remo.

Laurent Fignon fue un corredor que marcó época con todas las consecuencias. Hizo de San Remo su feudo dos veces, cuando aún era posible ganarla en solitario pero es que además le añadió una Flecha Valona en el 86, esos años que pasó casi en blanco.

Phil Anderson fue uno de los pioneros del ciclismo australiano. Omnipresente toda la campaña estuvo en el podio de Lieja tres veces mientras ganaba la preciosa París-Tours y dominaba las colinas de la Amstel.

Eric Vanderaerden se convirtió sin duda en uno de los ciclistas irónicos de esos años. Ganador de un apocalíptico Tour de Flandes pudo añadirle una Roubaix tres años después.

Adrie Van der Poel es el padre de Matthieu, de quien tanto llevamos hablando este invierno. El yerno de Poulidor tiene el raro doblete de Lieja y Flandes en su palmarés, algo que se encuentra rara vez.

Hennie Kuiper tuvo el Tour en su punto de mira mucho tiempo hasta que quiso extender su clase a las clásicas. La apuesta le salió bien porque con los treinta bien cumplidos sumó a su extenso historial San Remo, Roubaix más Flandes y Lombardía el mismo año.

Alfons De Wolf despertó pronto, ganando Lombardía y San Remo con sólo 24 añitos. Sin embargo las vueltas que da el ciclismo se lo llevaron por delante y sólo pudo añadirle un par de Het Volk. Hoy trabaja en un negocio funerario.

Guiseppe Saronni fue oto nombre icónico de la primera parte de los ochenta llevando al extremo su rivalidad con Moser. Sumó San Remo y Lombardía antes de ser campeón del mundo.

Claude Criquielion fue posiblemente el ciclista valón más emblemático. Tuvo dos mundiales irrepetibles, el que ganó en Barcelona y el que perdió por una caída cerca de una meta que cruzó caminando. Se arroga el mérito de haber batido a Argentin en Lieja.

Jan Raas tiene un nombre que de entrada ya sugiere “leyenda”. Nadie ha igualado sus registros en la Amstel, la carrera nacional de Holanda, donde pisó siete veces el podio en ocho participaciones, pero es que además logró victorias en Flandes y Roubaix.

Moreno Argentin es leyenda viva de la Lieja-Bastogne-Lieja que ganó tres veces seguidas, algo complicadísmo. Fue campeón del mundo en Colorado y redondeó su palmarés con Lombardía porque la Flecha Valona que ganó en 1994 está en los anales de un ciclismo que quisiéramos olvidar.

Bernard Hinault ganó mucho y de todo pero en el capítulo de clásicas dejó también poso. Entre otras perlas destacaron dos victorias, la apocalíptica Lieja atestada de nieve en 1980 y la Roubaix del año siguiente siendo campeón del mundo.

Sean Kelly fue el rey de una década cargada de leyendas. El irlandés de orígenes humildes logró muchas victorias, incluso hasta en su últimos días, pero el dominio de las campañas de 1984 a 1986 fue memorable. A grandes rasgos dos Roubaix, tres Liejas y otras tantas Lombardías le contemplan.

Imagen tomada de www.condorcycles.com

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