Los días que el ciclismo fue una utopía

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Cuando Bernat López, ideólogo de Cultura Ciclista, me presentó sus cuatro obras de inicio me dijo: ésta está bien, pero es rápida, ligera y quizá muy descriptiva. El tono, aunque no peyorativo, pues estos cuatro libros son sus “nenes”, caló en un servidor. Sin embargo he decir que me pareció delicioso, esclarecedor y enriquecedor saber de Charles Terront, su mundo, su París, sus biciclos, sus primeras bicicletas.

“Inventando el ciclismo” es el libro menos denso del cuarteto de obras de nueva microeditorial. Su lectura es amena, ágil, veloz. Narra las aventuras y desventuras del primer gran campeón de la historia, o diríamos paleolítico, del ciclismo. Situados en la Francia de entre 1870 y 1895, aproximadamente, Terront convive con efemérides como a Guerra Franco Prusiana.

Su vida transcurre a ritmo de vértigo. Es espabilado desde que nació. Corre de un lado para otro, acumula trabajos, raspa de aquí para allá. El biciclo de tracción delantera y rueda alta se convierte en su mejor medo de transporte. Vacila a carros, atraviesa hacia toda velocidad hacia Versalles. Se granjea también el cariño y amistad de muchos personajes de enjundia, poderosos señores que le rejonean, le llevan en volandas cuando le es menester.

Todo eso está bien hasta que prueba a correr. Mil caídas después, dos mil volteretas encajadas, quiso competir. Se abre aquí una intensa carrera y relato de desventuras y profundas heridas físicas, y emocionales, que le llevan a la primera gran carrera de la París-Brest, París, una travesía imposible entre la capital de Francia y el extremo más indómito de la Bretaña, ahí donde crecen leyendas de brujas y afloran mitos. El trayecto de ida y vuelta de París  Brest es narrado con detalle tal que nos sirve en bandeja sentimientos y penurias. Tal es su minuciosidad que nuestra mente recorre con servida puntualidad la bella geografía bretona.

La narración de la carrera, los desmanes, las sospechas sobre los rivales, los presumidos boicots,… forman un todo, un clímax nocturno de sangre, barro y mierda que nos indican cómo fueron esos primeros años de ciclismo en la vieja Europa.

En un relato escrupulosamente cronológico, Terront nos adivina la fecha que la bicicleta, la de transmisión en cadena, entró en su vida, y por ende en la escena pública, desplazando el biciclo imposible de domar. Ese momento creo nació el ciclismo tal y como lo entendemos. En ese momento nuestros antepasados inventaron el ciclismo.

En mi opinión, buen libro para desengrasar. Arqueología de la bicicleta. Génesis de la máquina. Saber que de dónde venimos, es a donde vamos.

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