Los dos tesoros menos conocidos del Tour de Francia

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Michel Girard y Christian Fabre son los guardianes, Bondoufle y Evry, los lugares. Dos sitios, sutilmente disimulados en marañas industriales, que guardan tesoros, suculentos souvenirs, testimonios vivos de la historia antigua y sobretodo reciente del Tour de Francia, de Roubaix, de Lieja, de Niza,… y de todo el ideario universal que maneja la empresa ciclista por excelencia, ASO.

Bondoufle es una localidad al sur de París. No está lejos de la gran urbe, a unos 35 kilómetros solamente. El año pasado, pocos días después de la París- Tours un redactor de Cycle Sport visitó este santuario que se precia de guardar la señalística de los no pocos días de competición ciclista que ampara ASO cada año. En medio del ajetreo del camión recién llegado de la Tours, Girard se desliza por las estanterías organizadas entre carteles: combustible, antidoping, policía,… aunque todo quepa en el mismo techo, no se puede mezclar, pues cada carrera tiene su padre y su sponsors diferentes. La Dauphiné tiene sus colores y mecenas, la París-Niza, los suyos.

En los 237 kilómetros y medio de París a Tours tres personas a razón de unos treinta kilómetros la hora jalonaron de carteles indicativos el recorrido. Uno conduce, el otro controla el GPS y el último se cuelga de donde sea para marcar el recorrido. En total unos 800 elementos dispersados por la ruta y unas nueve horas en medio de la campiña francesa, por entre falsas colinas y castillos del Loira. El Tour moviliza hasta 20.00 señales, dándose jornadas como la de Barcelona en 2009 que necesitó de hasta 1200 para marcar el trazado.

Hay un espacio especial para los triángulos de último kilómetro y otro para los polvorientos carteles que señalan la entrada y salida de los tramos de pavé de Roubaix. En otra estancia, descansa el podio de los Campos Elíseos, desmontado, por piezas. La estructura que corona al ganador del Tour, con a perspectiva del Arco del Triunfo, el más grande del mundo, lleva dos horas para ser cargada en el enorme camión que la lleva a la avenida más parisina.

En Evry está la otra mitad del tinglado, el que no se fija al suelo y rueda por la ruta. Hablamos de la flota de coches Skoda que acompaña todo evento ASO. Los coches rojos, aquellos que marcan cada parte de la carrera y llevan al director, son los más vistosos. Se cuentan por ochenta fijos, aunque en los días previos y durante el Tour de Francia la familia crece hasta los 200. Hay tantos coches como motos de enlace, normalmente marca Kawasaki. Cada chófer es responsable de tener su coche perfectamente limpio y aliñado. La imagen es clave en las mejores carreras del mundo.

Como complemento a todo el material de la actualidad, en ambas naves descansan sendos santuarios. En Bondoufle, se guardan casi todos los libros de ruta de la historia de la Grande Boucle y con especial mimo todo el material desplegado en 2003, año del centenario. En Evry, varios campeones donaron sus máquinas a ASO. Están la Pinarello Espada de Miguel Indurain y también una maravilla de cien años montada por Lucien Petit-Breton. También se puede ver el Peugeot 203 que la selección francesa utilizó en el Tour de 1954 entre otras piezas que celosamente se cuidan en estos espacios, poco conocidos, pero que seguro atraerían legión si se abrieran al gran público.

Imagen tomada de www.enciclika.com

INFO

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En la gorra de invierno de Lucky Bastërds, con una pieza en polar para las orejas, tomamos conciencia de la importancia de los materiales del producto. El tejido exterior de la gorra es algodón encerado como los abrigos de cazar, tipo Barbour. Se trata de un tejido impermeable que resiste muy bien a la intemperie y que incluso acepta una capa de cera impermeabilizante cuando se necesite. Estos materiales son de procedencia inglesa.

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