Los duendes del Tro-Bro Léon

0
46
vistas

Ayer cayó en mis manos una edición de la prestigiosa y singular revista Rouleur. Una publicación anglosajona de lomo grueso, perfil alto y paginado de calidad. Una revista que extrañamos en nuestro país. Un prisma alejado del stress numérico de las grandes citas, de los mejores nombres, de las carreras masivas. Historias humanas de diferente calado con un denominador común, escritas sobre dos ruedas, a golpe de riñón, encima del traqueteo de una cadena saltando coronas.

Una vista diagonal
En el número que tuve la fortuna de tomar, pude disfrutar de una poliédrica descripción del Tro-Bro Léon, esa carrera cual reducto imaginado por Uderzo, sí el autor de Asteix, que se mantiene suspendida en el tiempo entre bosques y duendes en esos bellísimos  escenarios de cuentos bretones y druidas sobrenaturales donde hombrecillos sobre finas bicicletas luchan denodadamente por la carrera más singular del calendario.
Le llaman la Roubaix bretona, pero en el tramado fotográfico, en las historias que he podido oír, en las referencias que me llegan y en las imágenes televisivas que nos abordan, se adivinan matices, y muchos de ellos únicos. La carrera se desarrolla sobre más de 200 kilómetros e incluye sendas vecinales y agrariaspor medio de densas arboledas. Lo que camino del infierno del Norte se llama sector de pavés, aquí percibe el nombre de ribin–en plural ribinoù– una fortuna de tierra, con carrilleras de césped en su tramo central, y piedras azarosamente distribuidas.
Un lugar para las cabras surcado una vez al año por elocuentes ciclistas. Un sitio donde un tal Jean- Paul Mellouët soñó el paraje para su carrera hace treinta años. El apodado “druida de Kergounoc” fue un hippie en los sesenta al son de los Stones que como ciclista no llegó donde quiso. En 1984 dio forma a esos bocetos mentales y desde entonces cada primavera un pelotón surca sus sueños hechos realidad.
Sorprende el perfil bajo que la carrera ha adoptado en los últimos tiempos frente a la terrible pujanza de otras de similar atractivo como la Eroica toscana. Quizá insertada en abril, en medio de las grandes de un día quede difuminada, pero como diría su mentor cambiarla de emplazamiento cronológico que quitaría el duende. De cualquiera de las maneras buenos flandriens pueblan su palmarés. Hablamos de Jaccky Durand y Jo Planckaert, también un ganador en el infierno de Roubaix, Fréderic Guesdon, al igual que buenos velocistas de trazas corpulentas como Baaden Cooke y Jan Kirsipuu. Incluso ciclistas que levantaron nuestra admiración, el pequeñín Dumoulin y Jéremy Roy. Por cierto anteayer ganó un canadiense, Ryan Roth. 

Quiero dejaros un enlace con los últimos kilómetros para apreciar la singularidad de esta carrera. 

Publicidad

Deja un comentario