Los irreales objetivos de la Mesa de la Bicicleta

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La semana pasada, algunos lo relacionan con un regalo de Reyes en el requiebro del oportunismo, se presentó en Madrid la Mesa de la Bicicleta. Su puesta de largo fue realizada con el patrocinio, moral más que otra cosa, de la municipalidad. Vamos, bajo el paraguas del ayuntamiento de una ciudad que a mi entender, y que cada vez que la visito compruebo, vive con una población de coches muy por encima de la que se puede permitir. Son míticos sus atascos, aunque siendo justos, no dejan de ser en proporción a su tamaño e importancia.

El nuevo organismo aglutina entes de pelaje variado y nombres rimbombantes. No menos nos parece así  ese de Red de Ciudades por la Bicicleta, que si bien sus objetivos son loables, la marca de sus acciones es muy muy muy lenta a mi entender. La ciudad española es una selva para quien aventura sus trayectos, e integridad, en una bicicleta. Es triste, pero es así. Si un día el precio de la gasolina se sitúa en los cinco euros/litro nos daremos cuenta de cuán tontos fuimos y cuánto dinero malgastamos en el empeño de marginar una máquina cuyo único gasto es calórico.

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Los objetivos de tan venerable iniciativa, que juro quiero que triunfe aunque me genere muchas dudas, se traducen en cuatro propuestas cuya su redacción no merece tal bombo. Su formulación carece de base lógica dado que la creación de ciudades 30 o querer que la gente se arremangue los pantalones para ir al trabajo, los que aún tienen, suponen hitos que una sociedad arengada en el mínimo esfuerzo no va a asumir en el corto plazo. Medir el éxito de esta iniciativa llevará muchos años por que el cambio no es coyuntural, es estructural, como el de nuestra economía. Y si no vean cómo ciudades en las que nos miramos nos llevan décadas de ventaja. La prueba el vídeo que ilustra la entrada, Amsterdam en la década de los setenta. La capital holandesa ya era entonces un vergel de transeúntes sobre su máquina de aquí para allá. La gente de Ciclosfera nos lo explica.

Como apunte curioso recortamos este párrafo textual de uno de los blogs que crecen en el diario el País alrededor de la bicicleta:

 

La política es necesaria en la promoción de los pedales. Pero en España ese vínculo se ha desvirtuado. La Mesa puede recomponerlo además de actuar como lobby socioeconómico del sector. Van a pedir a los partidos políticos una mayor visibilidad de la bicicleta en los programas electorales y pretenden ser referencia asesora.

 

Sinceramente, y con percepciones más que números en la mano, pensar que el gremio de la bicicleta puede adquirir el estatus de lobby socioeconómico es dimensionarlo frente a otros que irremediablemente deben empequeñecerse si la bicicleta se impone: hablamos del automovilístico o también el de la energía que tan buenos impuestos genera a nuestros gobiernos. Decir eso sí que es cabalgar sobre una utopía y no la mejor forma de vender una idea que aunque genial convive con muchos peros.

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