Los héroes del ciclismo español no tienen grandes titulares pero sí nuestra admiración

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Si les hablo de Bernat Seuba, Raquel Acinas –olé por tu página en Marca firmada por el mismísimo Josu Garai-, Juanjo Méndez o Abel Mustieles posiblemente no tengan ni idea de quién hablo. Si les digo que esos nombres guardan la historia de un campeón del mundo, que encierran cuentos de superación y valor como nunca hubiéramos escuchado, que son los garantes de que el ciclismo español a pesar de las miserias económicas que le rodean sigue carburando, posiblemente les suene a sorpresa, a grata sorpresa.

Este sábado, cuando la Vuelta a España estrenaba una nueva cima en las pedanías de Estepona, un checho, Konig, se consagraba a nivel internacional y el maillot rojo volvía a las espaldas del vástago de los Roche, ese apellido que le privó a Perico de un Tour, la confluencia de mundiales en medio mundo le dio a las delegaciones españolas los premios que esta jodidísima crisis se empeña en negarle.

Pero no es todo, entremos a saco en lo sucedido en el Tour del Porvenir. Rubén Fernández Andújar, un nombre que pesar de los líos, ahí estuvo siendo el undécimo español en ganar en la mejor carrera del mundo para las jóvenes estrellas. Rubén ganó como se debe hacer, triunfo de etapa en la jornada más importante y manteniendo el tipo ante los ni pocos ataques que le vinieron de selecciones que, apuesto la mano en el fugo, contaron con mejores y más medios que el ciclista enrolado en el Caja Rural. Dice el baloncestista José Manuel Calderón en la Contra de La Vanguardia que el éxito de una empresa reside en la comunión y objetivo común de todos sus elementos. Eso pasó en Francia. Los chavales le dieron a Rubén la defensa que un líder necesita. De vuelta a España les espera la realidad de un ciclismo desprovisto de equipos, y por ende de oportunidades. Esto es un SOS para quien quiera leerlo, ahora mismo en España hay tantísimos buenos ciclistas sin opción a ejercer en el máximo nivel que sacar un equipo, dos o tres es un auténtico chollo.

Pero volvamos a los protagonistas iniciales. A falta de que acabe el Mundial de ciclismo adaptado, las cronos dieron varias medallas y títulos arco iris. Yo podría explicarles esto y aquello de los ciclistas que representan a España en esta cita, pero quiero fusilar este párrafo de la web de RFEC que tan bien gestiona nuestro amigo Luis Román sobre lo que dice Félix García Casas a tenor del triunfo de Juanjo Méndez:

 

“Nos ha puesto los pelos de punta a todos los que estábamos allí remontando los cinco segundos de diferencia que tenía sobre el alemán Teuber al paso por la primera vuelta para sacar todo su casta, coraje y pundonor y hacerse con el maillot de campeón del mundo por un segundo de diferencia. Me quedo sin palabras de admiración para un ciclista con mayúsculas, con un grado de discapacidad enorme incluso dentro de la clase funcional en la que compite y que sin embargo sólo piensa en superarse a sí mismo. Todo un espejo en el que mirarse y un ejemplo a seguir como persona y como ciclista”

 

Y si en Canadá brillan nuestros paraciclistas, en el punto más meridional de África, cayeron las medallas de los artistas del equilibrio. Los pilotos de trial son desde siempre semillero de triunfos en una modalidad que a pesar de no ser olímpica crece en acepción, pues lo que los viejos resortes del olimpismo no son capaces de acoger sí lo hace la juventud. Quiebros, requiebros, clavados, quietos sobre troncos, tubos y pedruscos, Abel Mustieles, Bernat Seuba, Gemma Abant,… hasta los históricos Benito Ros y Daniel Comas son unos héroes, obviados en los grandes medios, pero nuestros héroes.

Y como colofón la medalla de bronce del ciclista de máximo nivel que más años posiblemente lleve en la cima: José Antonio Hermida. 35 años, otro podio mundialista y un motivo más para que la historia que arrancó en Sydney 2000 a un paso del podio concluya en Río de Janeiro 2016.

Foto tomada de www.marca.com