Los Lagos de Nairo

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Cuando esta mañana editaba el post de Jordi Escrihuela sobre los Lagos de Covadonga y miraba el vídeo de la primera vez que la Vuelta llegó a ellos, aquella mágica edición de 1983 en la que se impuso Marino, siempre Lejarreta, albergaba cierto resquemor sobre lo que veríamos hoy en la singular cima en cuya base un escarceo encabezado por Pelayo fue el inicio del capítulo de la Reconquista.

Reconozco que me equivoqué. Por fin una llegada a los Lagos que realmente ha sido grande, bonita y digna con la historia del lugar en la carrera. Nairo Quintana ha hecho leyenda, ha entroncado con Lucho Herrera y Oliverio Rincón, y como el jardinerito hace 29 años empieza el camino que sólo puede conducirle a su segunda gran vuelta, tras el Giro de hace dos años, la presente Vuelta a España.

Espectacular, sencillamente sublime, no hizo falta un cortafuegos recto por la montaña, hubo que recurrir a un puerto de los de siempre, de rompe y rasga, que sólo se puede subir por un sitio, por carreteras descarnadas, con rastros de boñiga del ganado del lugar. Sólo hizo falta eso para que todo se desmelenara.

Movistar trabajó como siempre. Tiró como el titán que es Jonathan Castroviejo, el gran compañero de Nairo, y el boyancense no podía fallar a un amigo. La subida no obstante tuvo un personaje clave, un tipo que no es un cualquiera, fue Chris Froome, el corredor con la forma más peculiar de correr y gestionar una ascensión.

Se quedó el inglés casi de inicio, llegó a tener casi un minuto de retraso pero se rehizo como siempre. Mientras Froome recuperaba el resuello, Nairo y Contador mantenían la cháchara a ver quizá tiraba un “poquito” más. Lo hizo Nairo por tres motivos: porque era el más fuerte, como se vio, porque estaba mejor clasificado, y porque a Contador no se le conoce generosidad con nadie, aunque esté en juego eliminar a un tercero como Froome. Hace dos años se las tuvo aquí mismo con Purito y Valverde por el mismo motivo, aunque en el lugar de Nairo y no dio su brazo a torcer.

Contador cedió cuando Froome venía por detrás. Podrá decir que es por las caídas. Que Froome estaba remontando se comentó en el grupo y por fin, por fin, ostia ya, Nairo se desproveyó tanto corsé y voló solo, solo como hace tiempo que debía hacer. Voló y se comió la etapa y la general. Cuando le veíamos por detrás, comprobamos que llevaba el maillot roto, no sé si por una caída, o porque se arrancó el pinganillo para no escuchar instrucciones que siempre hablaban de reservar y reservar.

Lo decimos y lo repetimos, si Nairo tuviera el apetito y ambición de Froome tendríamos un “Merckx tostado” criado en el altiplano que de pequeño hacía un Aspin diario para ir al colegio.

Decían varios cronistas que este día llega en un momento crucial para Colombia, en plena culminación de proceso de paz. No sé si será consciente Nairo, pero hubo un ciclista que en un día influyó en su país con su ciclismo, fue Gino Bartali, en la Italia de postguerra. Espero que el gran triunfo de Nairo contribuya como aquella del monje volador.

Imagen tomada de FB de Movistar

INFO

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