Los lugares donde el ciclismo suena a poesía

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La poesía del ciclismo no siempre surge de las piernas del corredor. El todo hace el resto. El entorno, el escenario, lo que le rodea. Ahora que hablamos tanto de losvalores que la vieja Europa transmite a este deporte, hayamos correa de transmisión en  esos lugares de singular belleza y atrayentes formas para engrandecer, si cabe, este deporte en su totalidad.
Ayer vimos por ejemplo el tremendo callejeo que Cancellara culminó hasta llegar al Campo sienés. Angosta trama toscana, surcando palacetes humanistas y encerados medievales, que dio lucidez, brío y épica a la entrada de Fabian en ganador. En definitiva hablamos de escenarios auténticos, envoltorios mágicos, fantásticos escenarios.
La Cibeles, un lugar “Vuelta”
En la búsqueda de los mismos, en Italia son especialmente hábiles. A la sombra del duomo milanés Alberto Contador celebró un Giro efímero en su palmarés. Aquí, muchos años atrás arrancaba la Classicisima, en la primera gran cita del año, el meeting point de muchas estrellas tras el parón invernal. Brujas engalana anualmente las fachadas escalonadas de su Grand Place para dar salida a la Ronde que luego se estrecha en las añejas carreteras vecinales del Koppenberg o Grammont, ese lugar donde se asienta una neoclásica capilla al final de un empedrado imposible. Un emblema que aprovechará el E3 y desecha la gran flamenca.  Roubaix viste su velódromo industrial y sus subalternas duchas para recibir a los héroes del infierno y evocar esos tiempos donde el ciclista embarrado y castigado por los elementos arrancaba de su cuerpo los rigores del pavé casi a la intemperie.
El Giro, como decíamos, ha sido garante de lugares de tal poso. Recordamos las cuestas por Bérgamo, las estrecheces de Arezzo, las casas cueva de Matera,… nunca omiten estos sitios de singular y auténtico sello. El Tour también sondea, pero en otro orden, su grandeza no le permite acceder a según qué sitios, pues no tiene lugares que combinen factores como la teatralidad y pragmatismo de los Campos Elíseos y Place de la Concorde. Lugares donde muere cada edición de la Grande Boucle, donde acontece el momento cumbre de cada temporada, al abrigo del Louvre y con la perspectiva sobre el Arco del Triunfo, atributos parisinos intrínsecamente ligados a este deporte, casi tanto, aunque en otra escala, como la ciudadela de Briançon o la plaza barroca de Nancy.
En España la costumbre de abordar grandes avenidas no ha dado en la clave de la belleza de muchos lugares. Siendo como es el país con mejor factura de patrimonio de la humanidad de los alrededores, se lamentan los altos en grandes vías cordobesas, salmantinas y burgalesas. En la última Vuelta se entendió cuál es el mensaje a vender. Recordamos el final en la Plaza Mayor de Salamanca, barroco espacio desdichadamente omitido por la realización televisiva. Ahí quedó el tránsito por los Dominicos, el puente romano y San Pablo antes de  abordar la plaza, dicen, más bonita de las Españas. Meses antes la Vuelta a Castilla y León rompió al cobijo de la catedral zamorana. Para este año la vuelta castellano leonesa quiere tributar las ciudades patrimonio mundial, entendiendo que en el mensaje turístico, puede estar el futuro del maltrecho mecenazgo. Calibrar por ejemplo el impacto de Avila  y sus murallas sobre los televidentes sería un ejercicio de cuán saludable es impactar sobre tales lugares, del atractivo que le añaden a la carrera, del mensaje redondo que se transmite, de lo contentas que dejan a las ciudades sede y de en definitiva de la indudable simbiosis que se debe establecer con este concepto.  
Foto tomada de www.lavuelta.com

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1 COMENTARIO

  1. La poesía del ciclismo no siempre surge de las piernas del corredor. El todo hace el resto.Totalmente de acuerdo…La Vuelta a Castilla Y León estuvo en las tres ciudades patrimonio de la comunidad y casi no lo dicen en la televisión local. Como vamos a esperar que salga en las demás televisiones. Siempre digo con lo que pasa en este deporte ¡una verdadera pena!!

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