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Los malos ratos de Sagan tienen un nombre

@JoanSeguidor

Los malos ratos de Sagan tienen un nombre

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Tiempo de lectura:1 Minuto

A no sé cuánto de meta, Sagan iba inquieto. Quedaba una eternidad para la ciudad de los tres campanarios seguidos, las torres que acaban en San Bavón que cobija el Cordero Místico, y al campeón del mundo se le notaban los nervios. Cuando a sesenta de meta, más o menos, se armó el Belén, a Sagan le retrataba la ansiedad.

No sé que pasa, pero la Het Niuewsblad no es representativa de la primavera y eso que es bellísima, no en la medida que su espectáculo y resultado sugieren. La han ganado Flecha, Vanmarcke, Stannard y ahora Van Avermaet, por partida doble, y la suerte no les acompaña en lo que ha de venir.

Por ejemplo Boonen, Tom, que como Eddy Merckx con Tours se retirará sin colgar la Het Nieuwsblad en su selecto palmarés. Tom no ha ganado aquí, Vanmarcke lo evitó un año que llegaron juntos con Flecha. Fíjense en la naturaleza del mal fario, que Vanmarcke le gane un sprint a Boonen, casi nada.

Pero volviendo al principio, Sagan iba vestido de mala suerte desde lejos. Su inquietud al frente del grupo, rodando su indice, pidiendo relevos. Pero también Greg Van Avermaet mirándole, fijo, sin escatimar, aunque sí lo justo, como en Canadá hace unos meses. Van Avermaet es la maldición de Sagan, el espejo que le devuelve a la realidad, quien le baja a la tierra…

Qué carrera, qué primavera nos espera. Hubo derrotados, los Quick Step, que no ganan ni a renglones, los Sky, fuera de la quiniela rápido, Stuyven, toda plana del Lotto. Muchos damnificados en la carrera del periódico de cabecera. Tendrán que demostrar que valen lo que su caché dice. Pero será más adelante. La primera no ha caído de su lado.

Porque delante fueron a parar quienes no escatiman. Sólo así se entiende que una fuga de tres mantenga a raya un pelotón con cuarenta kilómetros por delante. Sagan, sobresaltado, pidiendo ayuda, Van Avermaet, que nunca se esconde, y Vanmarcke, casado con los podios y sin más suerte que su carencia de visión le profiere. Siempre juega fuerte, siempre rompe, casi nunca gana.

En el sprint, tras una de esas persecuciones que caracterizan el paisaje flamenco vista desde el helicóptero, Van Avermaet le recordó a Sagan su sitio. Cuando está él, el campeón irisado va detrás. Pasó en Gante, como un año antes, como en el Tour, como en la Tirreno…

Esto acaba de empezar. Que lleguen todos íntegros al final, a la parte chula y decisiva y les veamos como corresponde, la primavera lo merece.

Imagen tomada de Belga- Ciclo21

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