Los motivos para ver el mundial de pista

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Ya ruedan los bólidos por el velódromo de Minks. Jornadas éstas, las que van de hoy al domingo, que ponen en solfa el nuevo ciclo olímpico, entre Londres y Río de Janeiro. Será complejo ver a un español en el podio, pero mantengamos la esperanza. La cuarteta ya ha rodado en tiempos de luchar por el bronce. Esperemos surja algo bueno. Falta nos hace.

La pista es la aristocracia del ciclismo. Quizá porque en ella no sopla el frío sobre la mejilla ni la lluvia empaña la visión. Así se podría pensar, pero no es del todo cierto. La pista es el laboratorio del ciclismo, su génesis. Algo así como el prólogo del libro. ¿Por qué preguntaréis? Pues porque en ella, entre olor a linimento y rodajes de pelousse, han surgido talentos, muchos, y técnicas, las que más, pero también se han explorado límites, tales como el del trabajo en equipo, la coordinación llevada a su punto antagónico, la velocidad sin más, y las mejores tácticas. No lo olviden, un velocista de pista no tiene nada que ver con el de carretera. Pero nada.

Eloy Teruel, una de las bazas más evidentes del combinado español, se ve fuerte ante la puntuación, una carrera que aúna poderío físico pero sobretodo una amplitud de miras y sentido táctico como pocas. Todo pasa rápido, todo en un segundo. Si no estás, no existes, te doblan y para casa. En carretera hay opción de enmienda, aquí no. Suerte Eloy.

Sin embargo a mi entender la esencia de la pista es la velocidad y si me permiten de ésta me quedo con la individual. Sí ya sé, el keirin, siempre esa nipona modalidad, se considera el culmen de la modalidad, y quizá así sea, pero no me convencen, me quedo con la velocidad.

Vean el vídeo de presentación del mundial bielorruso, que seguramente dominen los australianos, como casi siempre. Detecten que hay un momento de quietud, dos ciclistas quietos, manteniendo el equilibrio, sin respirar. No pestañean. Es un sur place, una técnica que una vez se alargó tanto, tanto, que se acotó para evitar que las competiciones se eternizaran. Aquí vemos la raíz del fenómeno. Un mano a mano, dos en el peralte. El duelo en su máxima expresión. Tenemos cinco días por delante. Avanti.

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