Los muros que derribó Ian Stannard

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No podía haber mejor sitio para arrancar el periodo más brillante del año que Gante. Corazón flamenco, garante del tríptico del cordero, empedrada, aristas escalonadas en cada fachada. El escenario ideal, fresco y seco, esta vez, para arrancar como siempre la Het Niuewsblad, esa carrera fetiche para Ian Stannard, en la que se encuentra las mieles que son hieles en otras latitudes.

Por suerte, el ciclismo recuerda a veces que no todo son nombres y recursos. Cuando a medio centenar de kilómetros hubo una explosión en el pelotón y tres Etixx se fueron por delante con la única compañía de Stannard, pareció que la suerte estaba echada. El equipo adalid de la tierra dominando en su terreno como en los buenos años de Mapei. Aquellos azules, enfundados en leyenda, que desaparecían de la vista de sus rivales hasta que el tito Lefevere llegaba a cabeza y señalaba al ganador, al segundo y al tercero. Y sin rechistar.

Pero en el tren de Etixx hubo un vecino incómodo y protestón. Otro se amilanaría yendo con Tom Boonen, Stjin Vandendergh y Niki Terpstra en el mismo vagón. Aunque Vanmarcke y Van Avermaet, como siempre, perdieran el tren y persiguieran con denuedo, con Stybar en la recámara, la carrera siempre estuvo delante, cuanto lo cuadro de delante dijeron adiós.

 A Patrick Lefevere le gustan los finales apoteósicos. A su medida. Él es grande en el ciclismo, maneja pasta –ficha a Gaviria si la hace sombra a su Cavendish-. Pensó que Stannard era moco de pavo y dejó al inglés cociendo a fuego lento. Pero lo que con otro hubiera valido, no sirvió con este inglés con rostro de bonachón y muchos menos años de los que anuncia su pálida tez. Stannard se incrustó y de ahí no le echaron. Quizá piense en ficharlo.

Y no lo hicieron porque el caballo ganador era Boonen y para ello había que llevar al rival en carroza de plata pues  Boonen, lo que es Boonen, ya no es ese ciclista que ataca y gana a 60 kilómetros de Roubaix. Quizá lo sea en las semanas venideras, pero no este sábado último de febrero. Doble o nada. Lefevere quería que Boonen ganara y no movió el árbol el final con su ojito derecho. Sin embargo era tarde para reventar al morlaco británico que enjuagó la ventaja y sembró el descontrol. Boonen seguirá sin ganar la OHN.

Aunque Terpstra al final lo intentó ya era tarde. Cayó Vandenbergh, tras medio salir a por su compañero holandés, se descolgó Boonen y Stannard mató a lo grande, como los grandes, al sprint. Qué gran triunfo y como me alegro. Al final, todo queda en que hay algo más que dinero, nombres y medio. A veces, el corazón se impone a la razón.

Imagen tomada de http://www.omloophetnieuwsblad.be/

INFO

Orbea cumple 175 años, colabora en la confección de su historia 

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1 COMENTARIO

  1. Volviendo a ver los últimos kilómetros. Pienso que la pierde Vanderbergh al salir a por Terpstra. Pero en que estaban pensando? En directo no aprecié eso, pero es que de haberse ido Terpstra hubiera tenido que volver a cazar Stannard y hubiera llevado a rueda a Boonen y Vanderbergh que podían haber vuelto a contraatacar si enlazaba.
    El error es mayúsculo.
    Aun con todo esto. Qué pedazo de carrera que disfrutamos!
    @guille_ja

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