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Los polvorientos e insensatos sueños de Philipe Gilbert

Mundo Bicicleta

Los polvorientos e insensatos sueños de Philipe Gilbert

Endura LDB Di17
Cambrils ZC, Gran fondo
No hace mucho tuve ocasión de repasar con detalle la campaña que firmó Philipe Gilbert en este 2011 que encara la recta final y ponerla en negativo sobre otras similares que realmente imitaron las prestaciones del mejor ciclista valón desde Claude Criquielion y Frank Vandenbroucke. Las comparaciones sencillamente abruman por el tamaño de quienes figuran en las mismas. A Gilbert hay que referenciarlo con Laurent Jalabert y Sean Kelly, como exponentes más contemporáneos y con otros del calibre de Rick Van Looy, Freddy Maertens y Roger De Vlaeminck si nos vamos más allá. A Gilbert sólo le ha faltado ganar el Mundial y Lombardía para afirmar que cubrió el 100% de los objetivos en una amplísima gama de retos repartidos entre los diez meses que dura la temporada ciclista regular. Tamaña locura que suscita dudas sólo plantearse repetirla.
Una de sus victorias quizá más desapercibidas de la temporada, por las muchas que ha logrado y por ubicarse en los albores de la misma, haya sido la Eroica que culmina en Siena. Las trazadas de tierra toscanas hayan sido posiblemente el paraje donde este insaciable ganador metido a ciclista haya encontrado el pretexto para verse optando a la Roubaix, uno de sus nuevos objetivos como ha declarado recientemente, en un ejercicio de rizado de rizo, pues no parece a priori su objetivo más asequible a priori por mucho que nos parezcan difusos sus límites. No sé qué pensará su compañero Hushovd, me podría hacer una idea a tenor de cómo se las gasta el valón, que se lo pregunten a Vandenbroeck en el Mur de Bretagne, donde pasó de optar a ganar su primera etapa en el Tour a ser engullido por un desgajado pelotón comandado por el campeón belga. Y eso que eran camaradas.
Gilbert no obstante goza de razones, ganadas en la carretera, y fecundos ejemplos de otros campeonísimos que llegados a tal punto de perfección en su terreno se adentraron en terrenos desconocidos para sus posibilidades, sin que la apuesta haya sido siempre certera. Se nos ocurren varios ejemplos pero quizá el más claro el de Bradley Wiggins quien tras serlo todo en la pista decidió un día probar a fondo en el Tour para concluir cuarto diez meses después de ser doble campeón olímpico en las dos persecuciones. Su compañero Geraint Thomas ya ha asgurad que pasa de aventuras, disputará el Giro, omitirá el Tour y abordará la gloria olímpica. “Más vale malo conocido” piensa el galés.
La recalibración de objetivos ha sido una de las constantes en la trayectoria de muchos grandes pero no siempre ha sido bien aceptada por la suerte de la competición. Significativo fue aquel giró de 180 grados emprendido por Laurent Jalabert después de su brutal accidente en el Tour 94 cuando cejó en las volatas por empezar a amasar clásicas, una gran vuelta e incluso cronos. Idem hizo Johan Museeuw, excelente velocista en sus primeros años, con el tiempo insaciable clasicómano con predicamento en Flandes y Roubaix, una historia similar a la de Tom Boonen e incluso Erik Zabel.
Por contra algunas permutaciones en marcha quedaron en la nada y de ellas muchos no ni mencionan. Ocurrió en 2005 cuando muchos veían en George Hincapie, tras ganar a Pereiro en Saint Lary, el siguiente americano en ganar el Tour, o al menos en optar. En marco similar se ubicó a Fabian Cancellara demostrando que la aureola por sí sola no oficia milagros y que ese cambio de chip, aunque por la calidad del ciclista, se presuponga sencillo, no lo es tanto y que en estos niveles no sólo compites tú, hay muchos más, y algunos con tanta o más fortuna que tú.
Si te ha gustado, que espero que sí, algo al menos, dale a alguna de esas pestañas de divertido, interesante,…

Endura LDB Di17
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