Los previsibles, aunque indeseables, silbidos a Alberto Contador

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La puesta en escena del Tour 48 horas de su partida desde el pasaje de Gois tuvo mucho de imperial. Tintada de épica romana, los gladiadores que darán forma al multicolorido pelotón se dieron a conocer. Entre rapados flamantes y tintes curiosos, véase Gilbert, emergió el momento de la salida de Alberto Contador al frente de sus compañeros del Saxo Bank en una balsa de silbidos, si bien estos no era lo único que se escuchó al paso del madrileño.
La reacción aunque prevista no dejó de chocar ante el objetivo final de la misma. Silbaban a la persona, al corredor o a sus circunstancias??? Yo creo que un poco a los tres sujetos aunque quizá más a lo último. Y es que casi doce meses después lo imprevisible del futuro del mejor corredor del mundo, habida cuenta de la incapacidad de los organismos para articular una solución rápida y justa, es realmente sangrante. Una vez finalice este Tour, la horquilla de triunfos de Contador en la más grande carrera oscila entre los dos y cuatro. ¿Cómo digerir tal circunstancia?
Hace pocas semanas surgió una encuesta donde dos tercios de los franceses consultados veía prescindible la presencia del dorsal número uno en su competición de bandera. Luego surgieron voces de ese clan de equipos que se llama limpio y a la postre actuó Wiggo tras ejecutar con éxito su presencia  en el Dauphiné. Convendría ser más prudente, el fuego con el que juega el ciclismo amenaza con quemar a todos. Obviamente nadie dijo que fuera a ser fácil, y lo de ayer fue una constatación. Lo que no ha sido normal es el tibio ambiente que rodeó al corredor en el Giro, donde salvo Lövkist, poco más oímos.
Sea como fuere a nuestro mejor ciclista los marrones le surgen o los hace surgir. Sin valorar su tamaño competitivo, fuera de toda duda para mí, hay muchas lecturas entorno a este ciclista tocado por la fortuna del éxito. Su perfil de figura es trazo tan fino que su estatus varía a ritmo de vértigo en cuestión de segundos. Lidiar con situaciones complejas es lo suyo, y quién sabría medir cuán dosis de energía ahorraría si esas lidias no tuvieran lugar. Momentos impagables, como el percance de su rival en Bales hace un año, el vídeo posterior, el regalito del Tourmalet. Otros de calado táctico como en 2009 cuando sopló las opciones de Andreas Kloden. Situaciones complejas vividas en la Vuelta 2008 donde le tuvo que disputar la victoria a Ezequiel Mosquera en San Isidro pues su teórico gregario Levi Leipheimer anduvo tanto o más que él, con susto incluido en Navacerrada. La cara de circunstancias con que se aupó al podio a recoger un amarillo del que había sido desposeído Rasmussen, hablamos del Tour 07. Su salida por la puerta de atrás, y posterior carta, de la edición 2006 del Tour.
Uff, muchos momentos complicados, uno por año, como mínimo si echamos cuentas. No lo tiene fácil, no, este Alberto Contador. 

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