Los problemas que acabaron con la Fundación Euskadi

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En la Vuelta a Burgos se acabaron, por el momento, los más de veinte años de historia de la Fundación Euskadi. Dos décadas largas de aquel equipo que auspiciaron nombres en franca retirada aunque consagrados, como Peio Ruiz Cabestany, que aupó valores como el de Iñigo Cuesta primero y Joseba Beloki posteriormente, entre otros talentos, y que tocó el cielo con los colores de su principal mecenas, Euskaltel, anaranjados sueños que fueron realidad, tangible y chillada por miles y miles de gargantas  en cunetas de medio mundo. Pero todo tiene su fin y el sueño que Miguel Madariaga hizo que fuera real tocó su ocaso en la ronda burgalesa.

Fue la crónica de una muerte anunciada, a pesar del mazazo que hace un año por estas fechas daba el equipo Euskaltel anticipando su desaparición a final de la pasada temporada, la fundación encontró el acomodo económico para seguir esta temporada. Pero ese colchoncito no dio para todo el año y renunciando a algunas carreras, el equipo echó el cierre.

El pasado domingo Miguel Madariaga recibió una cariñosa enjabonada en El Larguero, ese programa que sólo se acuerda del ciclismo cuando Contador se estampa, hay un positivo o una noticia luctuosa como la desaparición de un equipo. En el transcurso de mismo se dio voz a Madariaga pero también a actores principales en la historia de este equipo. Los mismos medios que lloran el final del Euskadi son aquellos que llevan meses mareando la perdiz con las líneas maestras, por no decir obviedades,  del proyecto de Alonso, proyecto que suena bien pero que no se plasma, al menos por el momento.

Escuchando la pieza de poco menos de media hora se adivinan las causas de este desenlace. En la Fundación Euskadi ahora, y en Euskaltel hace un año, se dieron erróneamente muchas cosas por hecho. Se dio por hecho que en el País Vasco el ciclismo prevalece siempre, se dio por hecho que sólo cuenta lo deportivo, se dio por hecho que Fernando Alonso tragaría con lo que fuera, se dio por hecho que por ayudar a chavales jóvenes no faltarían los mecenas. Se dieron por hecho tantas cosas que claro la realidad es tozuda y jodida cuando no caminas en contacto con ella.

Las cosas cambian y el discurso de Miguel Madariaga, sin querer restarle un ápice de mérito a su obra, es el vivo ejemplo de un ciclismo inadaptado a la realidad, al presente. En sus declaraciones Madariaga sólo reta, nunca hace autocrítica. Asegura que no ha dejado puerta por tocar, pero no especifica porqué nadie le ha prestado ayuda. Sigue anclado en el maná de las instituciones cuando hace tiempo que éstas le dieron la espalda al ciclismo y posiblemente al deporte en general porque las urgencias sociales así les obligan.

Un año después el capítulo del ciclismo al más alto nivel en el País Vasco escribe un nuevo capítulo en su historia más triste. Queremos pensar que en el País Vasco habrá quien tome nota de los errores, y también de las virtudes, pues también las hubo, en la gestión de fundación y seguro que saldrá algo más adaptado a los tiempos.

Tiempos que no hablan de ir a un patrocinador a pedir dinero a fondo perdido y sí de ofrecer contraprestaciones, intangibles que hacen marca, la divulgan y proyectan. Con esos mimbres se podrá dar a Euskadi y al ciclismo en general el potencial que atesora. Todo lo demás son palos de ciego.

Imagen tomada de Fundación Euskadi

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