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Los tramposos caen en su trampa

Opinión ciclista

Los tramposos caen en su trampa

Tiempo de lectura:2 Minutos

Decir Bardiani es hundir la mano en la tierra blanda que alimenta las raíces del ciclismo italiano de los tiempos recientes. Ya veis, ciclismo italiano, todo glamour, todo rosa, pero que ahora mismo no tiene equipo alguno en el World Tour. Su último resquicio, el histórico Lampre, se fue por el sumidero con el proyecto chino que primero no salió y ahora se llama Emirates y lo lidera un portugués, Rui Costa, quien por cierto está en el Giro, rompiendo su nefasta serie de Tours inconclusos. Lampre sobrevivió estos años por la apuesta de un fabricante de bicicletas, Merida, auténtico monstruo del sector, más de lo que en un principio parece, que viene a demostrar la importancia del gremio “bicicletero” en las arcas del gran ciclismo.

Italia, el país de Colnago, Pinarello y Castelli, el país de un denso calendario de clásicas que ha perdido muchas pero que sigue teniendo un porrón, el país que estos días se forra de rosa, color identario de su carrera mayor, el país de Il Lombardía, de Sanremo, ese país que respira ciclismo está representado en su Giro por dos equipos de segundo escalón: el Wilier Triestina del venido a menos Pozzato y el mentado Bardiani.

Por eso decir Bardiani es pisar terreno histórico, es irse al Navigare de los años noventa, al Panaria incluso al Scrigno del Guidi que ganara dos etapas en la Vuelta a España.

Decir Bardiani es hablar de la tradición de los pequeños equipos del Giro, de esa que se han caído algunos como el Vini Fantini, por asuntos turbios, o los multipatrocinados equipos de Savio. Esa tradición habla de equipos guerreros, incansables, traicioneros,… equipos que buscan las vueltas a todo, que posiblemente no influyan en la pelea de los gallos, pero que sí aportan cansancio y fatiga, y muchas veces migas del espectáculo que los equipos pequeños franceses son incapaces de dar en el Tour.

Quizá por ello, por querer dar la nota de color siendo el pez pequeño en un océano de gordos, Bardiani ha jugado en el filo y antes de empezar la propia carrera ve como dos ciclistas de los suyos fueron cazados en controles hace unos diez días, controles ajenos a la competición, esos que los carga el diablo. Pirazzi está fuera sin haber puesto un pie en la carrera.

Ganador de una etapa hace tres años y de la montaña el pasado, Pirazzi era sobrexcitación en carrera, sublevaba los rivales, ponía las cosas en desorden, ahora hará eso… en su casa. ¿Su error? El de muchos, creerse Ícaro y acabar estrellado con las alas chamuscadas. Yo no sé si el ciclismo ha cambiado o no, porque el goteo sigue, lo que si veo es que es más complicado tomar el pelo a la concurrencia, y me alegro, de verdad, fuera, a tomar por culo de aquí. Y ojo que Bardiani pende de un hilo. Los tramposos lo tienen más difícil.

El Bardiani que atufaba en el Giro del 2008, el de Emanuelle Sella subiendo los puertos más rápido que los capos después de ir todo el día en fuga, parece que ha vuelto, pero esta vez les han cortado las aspiraciones, haciendo incompleta la foto de la presentación en el Alger, esa que les retrata con nueve ciclistas, cuando de verdad serán siete. Que les cunda.

Imagen tomada del FB del Bardiani

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