Lucien Aimar, el gregario que fue vergudo de Anquetil

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El primero de los más grandes, Jacques Anquetil, rozó la perfección en la principal cita del calendario sobre todo cuando de la lucha contra el cronómetro hablamos. El normando ganó su primer Tour en 1957, luego se alzaría con cuatro seguidos, entre 1961 y 1964. Con Anquetil compartiendo ruta con su compatriota Poulidor, Francia llegó a dividirse en dos. Esa rivalidad nunca más la hemos visto en el país vecino.

¿Pudo ser 1965 el año de su sexto Tour?

Controvertido en su relación con el público, este genio de la historia del ciclismo sorprendió a todo el país cuando dio esquinazo a la edición de 1965 por motivos que muchos aún no aciertan a entender. “Mis contratos no van a crecer si gano un sexto Tour, en cambio si fallo tengo mucho más que perder” dijo el galo.

Actitud irreprochable, legítima incluso, pero a día de hoy incomprensible, más si tenemos en cuenta que el rubio francés ya había ganado la Dauphiné Libéré, y veinticuatro horas más tarde, la maratoniana Burdeos- París. Es decir por estado de forma no era. Sea como fuere un joven italiano, Felice Gimondi, sin el mito en la carretera, se hizo con aquel Tour.

Al año siguiente llegó Anquetil con la manifiesta intención de ganar esa sexta edición. El genio quiso deshacer el camino de antaño, pero la multitud detectó que era tarde para enmendar errores. Anquetil se plantó en la Grande Boucle de 1966 con la París-Niza en el zurrón y una agria polémica con Poulidor quien le calificó de antideportivo durante el desarrollo de la “carrera del sol”. Las críticas del “eterno segundón” fueron respondidas por Anquetil desde la salida del Tour, mediante inmisericordes ataques en unos días en los que Poupou se mostró inusitadamente vulnerable.

Aimar, héroe o villano 

Mediada la carrera, el pelotón llegó a Pau. En el gran grupo Poulidor y Anquetil seguían a lo suyo. Donde iba uno, le seguía el otro. Un grupeto arribaba destacado a meta con más de siete minutos. Entre los fugados Lucien Aimar tomaba un protagonismo inesperado.

¿Quién debía haber evitado esa escapada?. Anquetil dice media Francia, Poulidor, replica la otra media. Sin embargo el gregario del pentacampeón se había hecho con una distancia imposible de enjuagar en lo que restaba de carrera. Y menos aún con Anquetil, enfermo de bronquitis durante la última semana. El líder en la salida de Nancy se ponía al servicio de su teórico delfín durante las jornadas alpinas, y optó por el abandono pocos días antes de llegar a París. Llegar segundo no era plato de gusto. El destino negó a Anquetil a la oportunidad de volver a disputar el Tour en plenitud de facultades.

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