Maldito, puto resfriado

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La quinta semana de mi peripecia runner para este ejercicio 2013-2014 ha tenido un visitante que nunca falla a la cita: el resfriado. Si en años anteriores este incómodo huésped aparecía semanas más tarde, este año las cosas han sido diferentes. La temprana retirada del calor veraniego, añadido a que en la familia los críos traen todos los bichos de la escuela, nos ha colmado de mocos y vapuleado de toses.

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Un resfriado con todos sus síntomas, con malestar reinante, dolor de tarro, malas noches aunque por suerte sin fiebre, al menos que un sea consciente. A diferencia de otras ocasiones la semana runner no ha quedado muy afectada sobre el plan inicialmente previsto pues acabé saliendo cinco de los seis días marcados y de ellos tres pasé holgadamente de la hora y diez minutos, es decir para medias maratones está perfecto.

De hecho sólo el miércoles cupo la ausencia de los entrenamientos. Por lo demás aplicando esa norma de si no hay fiebre ves tirando, hemos cerrado, como digo una semana que sin ser la mejor de las posibles, sí ha resultado digna, sobre todo porque ya hemos introducido las primeras series para que el corazón coja ritmo y las piernas intensidad. Fue el pasado martes exactamente seis series de kilómetro corridas a ver qué sale, pues la sintomatología de mocos y malestar ya empezaba a estar presente, y al final lo que salió fue bueno, pues pude completarlas a una media de 3´44´´ saliendo más suave y acabando en el entorno del 3´35´´.

Este lunes se abre una semana que considero importante respetar. Serán, si nada se tuerce, seis días hasta el sábado que completaré el domingo con una bicicletada popular con el crío. De esos seis días saldrán más de ochenta kilómetros y habrá una jornada de series, otras dos de rodar en diferentes bloques y otra de tirada larga. El objetivo inicial, la media maratón de El Vendrell se aproxima, está ahí a menos de quince días, y aunque ni mucho menos estoy para grandes tiempos, sí que es momento de marcar cronos que alimenten la moral y alejen esos malos rollos que siempre trae ese maldito, puto resfriado.

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