Mancebo, Escartín & Voeckler, el podio más alejado de la elegancia

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Abrimos febrero desengrasando. Atrás queda el primer mes del año que en ciclismo, contrariamente a lo que dice la tradición, ya ha sido competitivo y además con la primera línea en vanguardia. Un mes raro en lo climatológico que culminó en la extraordinaria acción belga en su mundial afamando una gesta total al situar sus siete componentes en otras tantas primeras plazas. Eso no tiene modo alguno de superarse.

Duro, duro
Durante el pasado mes arrojamos una nueva encuesta a la búsqueda del corredor con menos artes del pelotón en estos últimos 20 años. Queríamos el opuesto a Gianni Bugno, quien por aclamación, surgió como el más elegante sobre una máquina ciclable. Tras más de 300 votos, emergió ganador Paco Mancebo, quien lejos de arrugarse pidió voto vía Facebook con la respuesta inmediata de la parroquia. El ahora biker agenció casi un tercio de los votos para con holgada renta proclamarse el menos elegante.
Cierto es que Paquito merecía ese premio, sus caras difíciles de definir, las poses, los chepazos, cada gesto transmitía la esencia de este deporte llamado el más duro del mundo. Más de cien votos le han dado un trofeo que no existe más allá de las pantallas de quienes estos leen. Su estampa picasiana sin embargo no esconde un ciclista que antes y después de pasarse a las ruedas gordas ha sabido bautizarse con el cariño del aficionado. Una trayectoria bruscamente interrumpida por la difusa OP que dejó truncada una progresión donde emergieron esa etapita en la Vuelta y varias buenas actuaciones en el Tour como mejores momentos.
De perfil muy similar al de Navaluenga, la segunda plaza ha sido por un cuarto de los votos, para Fernando Escartín. El de Biescas acuño la imagen más dramática sobre una bicicleta desde que tenemos consciencia de seguir este mundillo. Su afilado semblante y adelantada postura no desmerecían las prestaciones de un ciclista que ganó una etapa en el Tour que acabó en el podio.
Otro que tal
Cerca de este se quedó en la última edición el tercer clasificado en este ranking de antielegancia. Thomas Voeckler sólo cuatro puntos por debajo del aragonés, es otro de los destacados de la encuesta. El francés que más cerca ha andado del podio del Tour en los tiempos recientes es otro exponente de desacoplamiento con la máquina. Su forma de aporrear los pedales habla por un ciclista cuya calidad es indudable, aunque no la ejecute con estilo. Una vez, recuerdo, en Plateau de Beille cuando caminaba denodado a salvar su maillot jaune frente a Armstrong, aquello fue en 2004, enfocado por detrás parecía una rana, sí, tal anfibio animal al arquear las patas y sacar culete de aquella manera. De sus getos ni hablamos. Mundial estuvo en el Galibier.  
El vigente ganador del Tour Cadel Evans ha quedado retratado en cuarta plaza. Personalmente es el claro ejemplo de ciclista descompensado por el abuso de desarrollo. Creo que él salió del BTT hace años pero el alma betetero sigue en él. Completan este subjetivo listado Isidro Nozal, ciclista de enorme fuerza pero difícil de conciliar visualmente, con declaraciones de traca fuera de la carrera, “yo quería ser camionero” decía el pollo, y el ucraniano Sergei Hontchar, todo fuerza bruta y abrupta en las cronos que ganó. Las sugerencias de nuevos nombres que llegaron están en la línea: escarabajos de raza como el tostado Fabio Parra –éste sí que daba chepazos- y la pulga Martín Farfán, el poco prudente Armand de las Cuevas y el contemporáneo Daniel Martin, no confundir con el cantante. Más allá queda Michel Pollentier, de principios de los ochenta a quien un servidor no conoció, pero que surge como perla recurrente cada vez que hablamos de estos terrenos.
En breve otra encuesta, esperemos tan amena como la reflejada.
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