El manual del buen ciclismo

0
196
vistas

Ahora imaginaros por un momento esta imagen: ciudades amigables que un día, hace un tiempo dejaron el coche para las cuestiones importantes, las trascedentes. Ciudades con personas en continuo movimiento, una marabunta humana que despierta con el sol, se pone en marcha, va en mil direcciones, sin problemas, con respeto, con sentido de la responsabilidad. Ciudades con amplias zonas peatonales, donde la gente haga vida, trabaje, pase el rato, pasee y disfrute con sus hijos. Ciudades bien gestionadas, donde nada obedece a otra cosa que al bien común. Ciudades ecológicas donde todos sus actores actúen poniéndose en lugar del otro, buscando la empatía. Ciudades felices.

Ahora comparad esa imagen ideal y ponedla blanco sobre negro con lo que tenemos. No es necesario cursar una ingeniería para percatarse del largo camino que nos queda para llegar a ese paradigma. No creemos, ni queremos, os lo puedo asegurar, se pueda llegar a ese estadio. Creo que como seres imperfectos que somos, aspirar a la perfección total es el primer paso hacia la frustración, sin embargo, mejorar las cosas creo que está en la mano de todos, y si fuéramos un poco empáticos, no creo que fuera un milagro pensar que se puede caminar hacia un futuro mejor.

Todos nos creemos con derechos y es legitimo, pero olvidamos con frecuencia que nos asiste la misma cantidad de obligaciones. Y eso es así. Por eso queremos coger uno por uno los actores de la vida ciudadana y enumerar aquello que creo está en nuestra mano para que la convivencia no sea lo más parecido a la jungla. Nada, cuatro líneas para expresar una realidad que no podemos esquivar, que no es otra que todos y cada uno de nosotros no tenemos más remedio que buscar el encaje y la armonía en el mundo que nos rodea, nos necesitamos, y aunque suene a Perogrullo parece que muchos no lo tienen claro, como tampoco que a lo largo de un mismo día podemos ser ciclista, peatón y conductor….

Porque el ciclista, que es quien más se identifica con este mal anillado cuaderno, tiene mucho que decir en esta historia. Le asiste su ecología, su sostenibilidad, el sentido de la economía y el siempre edificante ejercicio de mover su cuerpo. Sin embargo, como siempre decimos, cada vez que montamos nuestra fixie para movernos en la ciudad somos objeto de miles de miradas esperando a ver que hacemos algo mal, para directamente acusarnos de matar a Kennedy. Asaltar aceras, no respetar señales, obviar semáforos en rojo, ser maleducado,… desacreditan al colectivo y le hacen un daño tremendo, tanto que esos que actúan así no deberían llamarse ciclistas.

Como no deberían denominarse peatones, aquellos que practican el mal humor a cada caso, que sacan a pasear la lengua a la menor oportunidad, que cruzan por medio de un enjambre de coches y que no se percatan cuando van por un carril bici, porque sencillamente pasan por alto que las cosas cambian y que hay un actor nuevo en la vida ciudadana.

Yo entiendo que muchos peatones no sepan que hay carriles bici de dos direcciones, y eso ha costado disgustos, pero comprendo menos que muchas de las actuaciones que se dicen por el bien de la bicicleta y su crecimiento se hagan de espaldas al ciudadano de a pie, en este caso del peatón, que, no olvidemos, fue el primero en estar en la vía pública, antes que nadie, son los pioneros, y todos llegaron a ocupar su sitio.

Por eso no comprendo las políticas de algunas administraciones a favor de la bici, con planes que parecen hechos a medida de bolsillos y resultados electorales, como si el kilómetro de carril bici diera un suculento puñado de votos, a la par que prestigio.

Y por último la madre del cordero, los coches, ese grandísimo salto para muchas personas, que ayudó mucho en la emancipación del hombre y el recorte de distancias, pero que ahora desanda su camino porque sencillamente se abusa de él de tal manera, que todo lo que nos dio nos lo está cobrando a modo de estrés, mal rollo, polución, enfermedades y atascos.

Sé que la sociedad ideal no existe, ni siquiera en esas latitudes donde soñamos que todo es perfecto, pero si cada actor pusiera un poco de su parte y se ciñera a este nada pretencioso manual, qué bien nos iría, cuán fácil se nos harían las cosas.

Deja un comentario