Marco Pantani, la primera víctima de la indignidad del ciclismo moderno

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Los niños me miran a los ojos y buscan en mí un mito a quien imitar… ¿Pero quién soy yo? Yo represento a un mundo hecho de hipocresía pura, contra el cual no he tenido fuerzas para rebelarme. Hasta que no sea capar de recuperar mi dignidad y unir a todos mis colegas para restituir el honor al ciclismo no mereceré tanto amor y tanta admiración” le dijo un día Marco Pantani a Manuela Ronchi, mánager y autora de su biografía recién publicada por Cultura Ciclista.

Sabrán que hay un programa de Televisión Española, en La 2 concretamente, que se llama “La mitad invisible”. Lo presenta el ocurrente Juan Carlos Ortega. Habla de la rebotica de grandes obras de arte: La Alhambra, El entierro del Duque de Orgaz, El Guernica,… en esta vida son las obras, el resultado, las personas,… pero también sus circunstancias.

Las de Marco Pantani fueron terribles. Demoledoras. Desde aquella jornada en Madonna di Campiglio, un paraíso que para el romagnolo se convirtió en paraje de pesadilla. No juzgamos si a Pantani se lo tenían que llevar por delante o no. La máquina pitó y punto. Aquí hablamos del desmembramiento moral, y casi físico, de una persona que respondía a nombre y apellido ilustres.

La historia retratada por Manuela Ronchi es la de un drogadicto, metido en las cavernas de la integridad moral. Sus posturas y reacciones siempre iban un poquito a más. Casi cinco años repitiendo lo mismo: “Esta vez será la última, levantaremos el vuelo…”. Hasta que llegó el momento que sí, fue el último y definitivo.

Yo, confieso, nunca he visto nada como Marco Pantani. Su padre le escribía en un papelito que le introducía en el maillot: “Sé valiente”. Él añadía: “Quiero crear el vacío tras de mí”. El problema es que el vacío lo fabricó bajo sus pies. El mundo se lo tragó. A la vista de la obra de Cultura Ciclista, Marco Pantani fue la primera gran víctima del ciclismo contemporáneo, entendido como aquél que surgió tras el caso Festina. Ese ciclismo lo hundió. Alguien, no queda claro, si el patrón del mejor equipo del mundo, si los mentores de la federación italiana, decidió que habría que cobrarse su cabeza. Cómo fuera. El hematocrito, pudo ser otra cosa.

Los mentideros dicen que se tenía por cierto que no acabaría el Giro de 1999. No erraron. Ante la lógica popular de una Italia que encloquecía, la ola arrastró al Pirata. En la historia de Cultura Ciclista hay personajes regulares, malos y muy malos, pero también el rol de Manuela, quien contra todo entendimiento, se jugó la salud de su embazado por Marco Patani. Pocas cosas se me ocurren más sólidas a la hora de explicar una fidelidad casi medible por el molde de amor y pasión que Iñaki Lejarreta le puso a la bicicleta hasta el día de su muerte.

  • Carolina

    Yo represento a un mundo hecho de hipocresía pura…Creo que a Pantani le vino "grande" el ser, quien fué.
    Tuve la oportunidad de verle en una Vuelta a Castilla y León y se le veia claramente que pasaba de todo y de todos.
    Como en el caso de Jose Maria Jimenez, sentí profundamente su muerte.

  • Agus

    Si señor…..muy bien publicado!!!!

  • Diego Sánchez

    El problema de Pantani, según lo que entendí al leer la biografía, es que le importaba mucho la imagen que daba a los demás y la opinión que tenían de él sobre todo después de lo ocurrido en Madonna di Campiglio