¿Hay más peligro en el pelotón?

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Cualquier mención a las llegadas masivas, cualquier balance, pasa en este Tour por Mark Cavendish, que ganando a Marcel Kittel en Montauban ha hecho HISTORIA con mayúsculas porque que alguien, en el ciclismo actual, supere una leyenda como Bernard Hinault, habla de la importancia de la hazaña. No siempre nos ha gustado el de Man, pero señores de pie porque estamos ante un renglón de leyenda viva y en activo.

Pasando página de Cavendish, queríamos hablar de las caídas y la seguridad en las llegadas. Peter Sagan y Fabian Cancellara son rivales enconados desde hace tiempo. En el Tour de hace cuatro años, irrumpió un crío apellidado Sagan que ganaba tan sobrado que ofendía a propios y extraños. Recordamos aquella estampa de “Forrest Gump”, celebrando una victoria en las primeras etapas del Tour 2012, con Cancellara y Boasson Hagen echando el resto, sin atisbo de disputarle la victoria. Con el tiempo ambos han generado una rivalidad trufada de alguna bravuconada del suizo, como en una antesala de San Remo, cuando dijo que quería que ganara cualquiera a excepción de Sagan. Ya sabéis amores imposibles.

Pero esta vez, con Fabian en la prórroga de sus días como ciclista, no le han dolido prendas al del Trek en apoyar unas declaraciones del ciclista que vestía el amarillo que entroncan con una realidad muy comentada en el pelotón desde hace unos años: “No hay sensación de peligro entre los más jóvenes a veces de ahí vienen todas las caídas que estamos viendo”.

Sagan se queja de ello, pero como digo no es nuevo. Estos años la cantidad de caídas que vemos ha levantando las voces respecto a los nuevos que llegan, y en esa tesitura por ejemplo deberíamos situar a los no tan jóvenes, como el hombre récord Mark Cavendish, quien la ha liado en no pocos sprints, tanto en el Tour como en otras carreras. Lo cierto es que la forma de trazar y tomar precauciones cuando la carretera se pone peligrosa son los principales factores de riesgo. Como en otras muchas cosas, en esto el colectivo debería ponerse de acuerdo y penar a aquellos que por un puñado de gloria ponen en apuros a todos.

Cada año hay damnificados la primera semana de Tour. Damnificados importantes, peces gordos. Contador ha sido en esta ocasión, Froome hace dos años. Siempre ha ocurrido, en mayor o menor medida. En los años que nunca existieron de Lance Armstrong, todos sus rivales probaban el suelo salvo él, no sé si eso estaba en las recetas de Ferrari. Qué decir de Miguel Indurain que siempre hacía limpio los primeros días y algunos de sus rivales llegaban hechos unos nazarenos, cuando no se habían retirado.

Hace más de veinte años pasaba y ahora también, no obstante, quizá porque nos hacemos viejos, hay en el pelotón un ángel de la guarda que no sé a qué nombre responde, porque el peligro merodea los corredores en cada viraje. En la llegada de Limoges, por ejemplo, a tres y medio hay un estrechamiento de calzada que quita el hipo, pues bien todos, al unísono, bajan la velocidad y entran por el hueco, algunos casi paran por completo, pero no se produce la montonera que ya intuíamos.

Hay finales de etapa que cortan la respiración y hacen buena esa teoría de Sagan que todos entran como si no hubiera limites en las curvas. A todo ello se suma la moda entre los favoritos de poner sus equipos delante. No hay sitio para todos.

Recuerdo además que se habló de una sustancia, algún inhibidor del peligro, un “pain killer”, creo recordar, algo que corría por el pelotón, y que quitaba barreras mentales en los ciclistas. Quizá esas agallas que se le echa a tomar riesgos excesivos deberían centrarse en conservar el físico, porque así muy lejos no es sencillo llegar y la prueba es el reguero de accidentes que llevamos a las espaldas. Si el ciclismo es duro, no creo necesario complicarlo más.

Imagen tomada del FB del Tour de Francia

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