Menos ciclistas por equipo: ¿Es la medida que necesitaba el ciclismo?

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Al final del camino vemos un pelotón reducido. Un ciclista menos por equipo, para dar un máximo de ciento setenta y seis. Cifra redonda, que en caso de seleccionar 22 equipos no dará más que para ocho ciclistas por escuadra. Lo dicho, uno menos. Las grandes vueltas con ocho, el resto, ojo, con siete, en una decisión que aunque no satisfaga a muchos evitará el bochorno de ver alineaciones incompletas en bloques de todo un World Tour porque sencillamente las plantillas no les da.

La UCI, como siempre reunida entre carrera y carrera de su mundial, le ha metido un tijeretazo al pelotón.

Pros y contras.

En la primera línea, entre las ventajas, que sobre el papel se abre la carrera. Menos ciclistas por equipo significa menos control por ende mejor espectáculo, menos es más se puede entender. Sinceramente, es complicado imaginar este escenario, porque no hay varita mágica. Eso sí, la medida complica en cierto modo que equipos como el Quick Step o el Sky bloqueen Flandes o el Tour de Francia. Eso es sobre el papel, otra cosa será verlo.

En todo caso aumenta la competitividad en los equipos, menos plazas a repartir, y sabemos cómo se vende el dorsal en una grande dentro de un equipo importante: van los mejores y a full. Esa competitividad interna se puede trasladar a la carrera.

Aunque los “currantes” tendrán que dosificar y muy bien, porque es un chico menos en la oficina para carreras que en lo normal mantendrán el kilometraje, y eso que Guillén ya ha dicho que querría una Vuelta más corta.

Otra ventaja es la seguridad y eso también es discutible porque podemos entender que a menos corredores menos peligro de caídas, aunque el grupo esté lleno de ciclistas que, admitido por el resto, toman más riesgos de los recomendables o las organizaciones hagan a veces auténticas gincanas en llegadas de las que salir ileso es realmente imposible.

Menos corredores más seguridad es como decir que menos corredores más espectáculo, no hay una ciencia exacta, aunque el movimiento se demuestra andando. La última Vuelta es ejemplo de muchas cosas.

Yo sin embargo veo que la solución está en un sistema, no sé, algo que iguale las cosas, porque está claro que este ciclismo moderno es preñado de días infumables, en los que la gente disfruta de generosas siestas mientras el runrún del pelotón se oye de fondo.

El sistema, además de quitar un peón a equipos como el Sky, debería limitar lo económico hasta igualar un poco más las cosas. La camarilla que tenía Froome con él en Vuelta y Tour es tan complicada de reunir como costosa de construir y eso es una desigualdad que, aunque histórica, sí que lastra el espectáculo y lo reduce a lo que los hombres de negro quieran ofrecer.

La medida, aunque anunciada en Bergen, estaba ya cantada, y por eso quizá Movistar y Quick Step estuvieran soltando talento a espuertas, porque posiblemente ya no necesiten tanta línea de fuego si con un poco menos ya haces.

Junto al obvio reajuste laboral en las estructuras, la medida tiene otro efecto que quizá pocos valoren y ese se ciñe a los jóvenes y la puerta que se les cierra en el nueve de una gran vuelta, que ya no será nueve, porque serán ocho y eso, espero que no sea así, puede acabar por desilusionar a más de uno, pues el joven era normalmente el “noveno pasajero”.

Imagen tomada del FB del Giro d´ Italia

INFO

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3 COMENTARIOS

  1. Si el proposito es aumentar la seguridad no sería mejor reducir el numero de vehículos autorizados a transitar por el recorrido? Si lo que se pretende es igualar los equipos la solución sería poner topes salariales o limitar los presupuestos de los equipos a una cantidad máxima.

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