¿Merece la pena jugarse el bigote?

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Leo esta noticia y no me sorprende. Un ciclista de 52 años acusado de homicidio imprudente porque compitiendo en Suiza tomó tantos riesgos en el descenso, a 70 por hora se puso, que generó en una caída que acabó con la muerte de otro ciclista. Hablamos de una carrera no profesional.

Hace un tiempo, en una vuelta ciclista master de Aragón, se produjo una caída en una contrarreloj. El protagonista fue un corredor que al día siguiente empezaba en un nuevo trabajo tras un tiempo en el paro. La caída le hizo polvo y no pudo empezar en su nuevo trabajo. Excesivo.

Así están las cosas, así ocurren. Sé que nos hacemos repetitivos, porque no es la primera vez que ocurre, pero ¿compensan estos excesos?. Todos somos competitivos y libres, faltaría más, a todos nos gusta la sensación que recorre nuestro cuerpo cuando subimos a un podio, cuando lo colgamos en las redes, cuando lo comentamos en el siguiente entrenamiento, cuando nos ponemos en la mesa con familia o amigos,… eso nos gusta a todos, somos humanos, socialmente el cuerpo nos lo pide, pero ¿no convendría trazar una línea? Es una opinión, la mía, y me hizo gracia qué pensaba un pro como David López, que se dedica a esto porque no sabe hacer mejor otras cosas y le va el sueldo en el trance.

Porque hoy es la sobreexplotación del cuerpo, otro día la exigencia en la carretera, al siguiente los riesgos en el descenso y nos olvidamos que hay una vida que vivir, unos hijos que atender, un trabajo que solventar y una familia que necesita su cuota. Lo digo además por experiencia.

Hay una generación en nuestro ciclismo, que muchas veces no ha competido profesionalmente, dispuesta a recuperar el tiempo perdido de los treinta en adelante. Es una carrera contra el tiempo, una patada hacia adelante, encajando sesiones imposibles en jornadas de 24 horas, que deberían ser de treinta para ir algo más holgado.

Esa generación trabaja, tiene ingresos fijos y muchas veces suculentos. Es una bicoca para las marcas de todo, de ropa, de bicicletas, de GPS, de accesorios e incluso de farmacia, sí, de farmacia, y no sólo de complementos, también de otras cosas, pues me cuentan unos casos realmente tristísimos en los que quedan al descubierto muchas cosas. Luego cuando hay redadas en gimnasios y sus entornos nos sorprendemos. Es lamentable ver competiciones de ciertas edades que se convierten en algo así como una carrera armamentística por un premio que queda en petit comité, entre los tuyos y poco más y es más triste aún la lección que le damos a los jóvenes que se ven impotentes ante lo que tienen alrededor.

Sinceramente, pensadlo ¿merece la pena jugarse el bigote y lo que no es el bigote?

Imagen tomada de www.excelenciasdelmotor.com

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