Mi viaje al corazón de Orbea

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Cuando recibí el encargo de escribir el libro de los 175 años de vida de Orbea, me surgieron varias preguntas, pero una principal : ¿Por qué se fijan en un escritor barcelonés para tal cometido?. Hizo falta una primera toma de contacto para saber el motivo. Desde el primer día, el primer apretón de manos, las primeras palabras, quedó claro el objetivo: abrir las puertas de la casa Orbea de par en par. Lo que hay en ese libro es así, sin cortapisas, sin filtros, es tal cual, la historia de una empresa que hecha raíces en 1840 con avatares repartidos en tres siglos diferentes y multitud de vicisitudes históricas por medio.

Y así empezó el viaje, y espero no dejarme a nadie, porque además de injusto, delataría la frágil memoria que define nuestro tiempo. Abrieron las puertas de su fábrica de Mallabia, y conocí a los socios fundadores, gente que hace cuarenta y pico años jugaron con sus ahorros y desvelos para sacar adelante una empresa al borde de la desaparición. De aquellas personas, hay muchos testimonios hoy y algunos vivos, muy vivos, pues las generaciones venideras entraron por ellos y admiten en confianza que en su casa “Orbea era el tema de conversación en las cenas. También hablé con los Orbea de sangre, los que conectan con los tres hermanos y hermana, y en su corazón siguen llevando muy adentro lo que fue la marca que llevó su apellido.

Su tiempo fue el de Eibar, cerca de donde están ahora. La imposibilidad de crecer les llevó al otro lado de la frontera, a Bizcaya, a Mallabia. En esa mudanza Carmelo Urdangarín se empleó a fondo, también para explicármelo. Igual que la terrible gestión de los ochenta, momentos críticos en los que Ignacio Ciarsolo y Jesús Baranda tomaron el testigo de decisiones no siempre gratas, más tratándose de una cooperativa. Pero salieron a flote y llegó Miguel Ocaña con la apuesta de la gamma alta, producto propio e internacionalización en un mercado que no compraba las BTT que sobraban. Hoy Jon Fernández es el rostro más reconocible, pero un grupo de inquietos colaboradores le secunda.

Y en ese círculo conocí a Miguel Angel Estandía que me contó lo de hoy, lo de ayer y lo de anteayer, a través de su encantador padre, y a Aitor Larrañaga, que fue el que dio forma a las primeras bicicletas de la cacareada “gamma alta”, y Miriam Bengoetxea, que es tan encantadora hablando como conocedora del trenzado del carbono, y a Joseba Arizaga, que sabe de todo y mucho, y a Xabi Narbaiza, que es gen eibarrés en el carcasa de la BTT, y a Jon Coloma, que comanda la suerte de Orca, y a Juan Carlos Nájera que idea Monegros, la Vitoria Gran Fondo… también a Pilar, venida de Zeus, qué más puedo decir.

Ideas e ideólogos, pero las ideas necesitan escaparate donde probarlas y sus atletas  no escatimaron tiempo en colaborar. Ahí estuvieron personajes que tenía en estima y que en persona corroboraron lo bueno que me transmitían. Sí Marino Lejarreta, sencillez en lo que dice y hace,  Jokin Mujika, lo mismo pero con una sonrisa más generosa si cabe, Roberto Lezaun, la simpatía en persona, Andoni Olaberria, timidez donostiarra, y Samuel Sánchez, que en su garaje guarda el 99% de las Orbeas que utilizó en los grandes momentos. Emergieron el perenne encanto de Txomin Perurena, la infinita memoria de José Kruz Mujika, la espontaneidad de Laiseka, la timidez de Egoi Martínez y la complicidad de Iban Mayo. Ah, e Ixio, un duende entre bicis y maillots.

Y de Perico, qué decir de este tipo que rara vez cae mal, pues que las dotes de televisión las llevó al corazón de la fábrica con una soltura tal, que hasta los cámaras iban a su ritmo y no al revés. Qué suerte tuvo la marca, cuando en los críticos ochenta pensó en él.

Y de esta manera dimos forma aun libro, un libro en el que sale mi rúbrica, pero considero coral, porque sólo cuando te abren las puertas de la casa de par en par, te la enseñan, te conducen por ella y te tratan bien, sin condiciones sale algo que merece la pena. Ese libró corrió por las manos de los invitados al acto de este jueves, en el que muy a mi pesar no pude estar, porque no tengo el don de ubicuidad, pero estuve en corazón, porque desde hace un tiempo mi corazoncito es un poco azul. Gracias Ander, gracias Arantza. Zorionak Orbea.