Michal Kwiatkowski, prêt-à-porter

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En el pelotón hay de todo, como en la viña del señor. Ciclistas de corte diverso, todo tipo de especialistas y los multiherramienta. Navajas suizas, que quedan bien con todo, como el negro, que pasan los años y sienta bien. Michal Kwiatkowski es el tipo del traje negro, entallado, simple pero resultón.

En la revista de ciclistas de la campaña recién finalizada, Kwiatkowski ocupa los headlines. Es el corredor que vale lo que cuesta. Rentable, sostenido, “rendible”, presto en todo momento, un ciclista que vale para abultar el casillero del equipo, desde el propio suyo, o del zurrón ajeno. El ciclista redondo.

Segundo año en el Team Sky y Kwiatko se desquitó de una primera y desdibujada campaña, en la que aterrizó como campeón del mundo saliente y finalizó anónimo, pero con la certeza de que cambiaría su suerte.

Y lo hizo rápido, se dio prisa. Italia, tierra de oportunidades en primavera, dos carreras son el eje, ambas de signo diferente, una longeva, en historia y longitud, la Milán-San Remo, la otra nueva, polvorienta, caminos blancos por entre los cipreses toscanos, suaves lomas y final en Il Campo di Siena, la Strade Bianche.

Kwiatko ganó ambas, con sendas exhibiciones, además. Como en hace tres años, la fortaleza sienensa, la ciudad vertical, fue del ciclista vertical. Atacó de lejos y no le vieron, y no estaban unos cualquiera con él. En Il Campo se supo que ese polaco que un día sacó el arco iris de la lluvia berciana había vuelto.

Días después San Remo. Todos mirando a Sagan, todos esperando el Poggio. Sagan no falló, una arrancada de esas de época, de rompe y rasga. Un ataque y hueco abierto. Sagan hace brecha, pero no sentencia. Alaphilippe le coge, con ellos Kwiatko.

Pasada la cabina, curva cerradísima de izquierdas empieza el espectáculo, un descenso en el que Sagan traza a lo bruto, acelerado, Kwiatko da una exhibición de trazo, de maestría… y gana en San Remo, sí al sprint, sí a Sagan, como otras veces. Tan ajustado fue que entraron hombro con hombro. Uno de los sprints del año.

Pero hubo más, otra, una tarde de agosto, o finales de julio, no recuerdo, en Donosti, luminosa bahía de la Concha. Subida a cuchillo con Mikel Landa haciendo destrozos y Kwiatko en el descenso donde se le esperaba. Llegarían juntos y claro, quien gana a Sagan en San Remo, es favorito en San Sebastián. Por detrás del de negro entraron Gallopin, Mollema, dorsal nº1, y Dumolin.

Pero Kwiatko no sólo vistió el negro, durante tres semanas de julio fue blanco, ciclista de blanco, aireado por media Francia, delante, detrás, en medio. El mejor apoyo de Chris Froome, el ganador de monumentos viejos y nuevos tirando de carro un día y otro y otro. Si Nieve fue el más fiable compañero de Froome, Kwiatko no le fue a la zaga, ni siquiera en las cimas alpinas. Es lo que hay cuando la clase te sobra y se escurre a raudales por los costados. Un ciclista, un ciclista que siempre queda bien. Kwiatko “prêt-à-porter”.

Imagen tomada del FB del Team Sky

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