Miguel Indurain & Joan Llaneras, ciclistas y olímpicos por excelencia

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Con la disputa de la contrarreloj de los Juegos Olímpicos, el ciclismo de carretera da por concluidos sus concursos en Londres 2012 y lo hace un día antes de que arranque la competición en el velódromo. Los JJOO le han dado dos oros a ciclismo español. El último recordemos de Samuel Sánchez al cobijo de la Gran Muralla pequinesa y el primero doce años antes con Miguel Indurain en la carrera individual de Atlanta. Ese fue un hecho que hizo de nuestro mejor ciclista de siempre garante de la trayectoria olímpica más notable de nuestro deporte pues compitió en dos ediciones separadas por doce años. En cuestión de medallas, nadie como Joan Llaneras, quien paradójicamente en estos Juegos no optaría a renovar preseas.

Queremos recuperar esta previa a la cita de Pequín que un servidor publicó en Ciclismo en Ruta donde pudimos dar cuenta de las participaciones españolas en los Juegos Olímpicos, algunas muy sonoras como aquella de Jaime Huélamo y su positivo en Múnich 72. Por el consiguiente lapso temporal del artículo, escrito en los albores de Pequín 2008, se omiten los oros de Samuel en fondo y Joan Llaneras en puntuación, la plata del propio Llaneras junto a Toni Tauler en americana y el bronce de Leire Olaberria de puntuación.
Paradójicamente, Miguel Indurain es el corredor de fondo con mayor bagaje olímpico. Se inició siendo un desconocido viviendo las mieles olímpicas en el ocaso de su carrera. Dos ciudades norteamericanas marcan además este periodo. En 1984 formó parte del combinado que tomó parte en Los Ángeles. Con él participaron el antiguo seleccionado nacional, Paco Antequera, de hecho el único en acabar, fue vigésimo tercero, el velocista Manuel Jorge Domínguez y José Salvador Sanchís. Doce años después y tres olimpiadas más tarde, Indurain volvió, ahora en Atlanta, a tomar parte en unos juegos. Lo hacía decidiendo su suerte poco antes de celebrarse. Acababa de ceder el que debiera haber sido su sexto Tour a Rijs y su rendimiento no brindaba garantías.
Sin embargo, fue en Atlanta donde Miguel Indurain culminó su última gran obra. Fue campeón de contrarreloj por delante de Abraham Olano, con el británico Boardman en tercera posición. La primera crono olímpica tuvo nada menos que al cinco veces ganador del Tour en primera posición.
En la prueba de ruta de Atlanta el desenlace no fue tan oportuno para los intereses españoles. Triunfó el corte formado por Pascal Richard, Rolf Sorensen y Max Sciandri. La delegación española careció de olfato. Melchor Mauri, sexto, fue el mejor de los nuestros. Para entonces, como ahora, la carrera olímpica de fondo era una moneda al aire. Sólo cinco corredores seleccionados por país hacían de ésta una competición ajena, en muchas ocasiones, a toda lógica. Indurain quiso tener a Marino Alonso, pero él sólo no bastó para contener la prueba. Los otros dos participantes fueron los vigentes campeones del mundo y de España, Abraham Olano y Manuel Fernández Ginés.

Como Indurain, Joan Llaneras ha sido el único campeón olímpico que ha arrojado el ciclismo español. El mallorquín se colgó el oro en Sydney en su mejor especialidad, la puntuación. Ese año fue también campeón de mundo en Manchester. De hecho, en el mallorquín encontramos una trayectoria que va más allá de ese oro, por que en Atenas se colgó la plata, también a los puntos, mientras que fue diploma, sexto al final en Atlanta, donde formó parte también de la cuarteta de presesión que finalizó quinta. En el capítulo del fondo español destacar la extraordinaria cosecha de Atenas con dos medallas de bronce en ambas persecuciones, en la individual con Sergi Escobar y en la colectiva con Carles Torrent, Asier Maeztu, Carlos Castaño y de nuevo Escobar.
La velocidad por su parte tiene su cenit en una calurosa noche de julio en el velódromo de Barcelona. Sobre los peraltados de madera del Camerún, la ciudad condal vivía con especial efervescencia la medalla de oro de José Manuel Moreno en el kilómetro, la primera de los anfitriones en esos juegos. Nacido en Ámsterdam e hijo de inmigrantes, Moreno radicó su vida en Chiclana de la Frontera. En Barcelona logró su mayor hito, pero no el único, puesto que un año antes fue campeón del mundo en Sttutgart. Estuvo en tres olimpiadas. En Seúl compitió en velocidad, siendo octavo, en Atlanta, también en velocidad cayó en octavos de final. Allí debutó en el kilómetro José Antonio Escuredo, lejos de los mejores, decimotercero. El catalán quemó otros juegos, los De Sydney, para finamente auparse hasta el podio, ya en Atenas, siendo subcampeón olímpico de keirin.
De Momeñe a Huélamo
Varios ciclistas olímpicos merecen un alto en el camino para ser recordados. El mejor español en la prueba de fondo de Roma 1960 fue José Antonio Momeñe. Vizcaíno de origen, éste fue uno de los desconocidos más ilustres de nuestro ciclismo puesto que en su haber tenemos toda una cuarta plaza en el Tour de 1964, el que ganó Aimar. Pequeño escalador, fino y muy regular, Momeñe fue 16º en la olimpiada romana. Le acompañaron otros como Ignacio Astigarraga y Ramón Sáez, bronce en el Mundial de 1967 y vencedor en varias etapas de la Vuelta. Cuatro años después, en Tokio llegó la quinta plaza de José López. Leonés de la hermosa provincia de Laciana, conocido en el pelotón como “pancho” acuñó el mejor resultado de un corredor español en la prueba de fondo de unos juegos. Fue ese año el de la entrada de la familia Lasa en la historia olímpica. Primero con José Manuel y cuatro años más tarde con Miguel Mari, quien acompañado por Gómez Lucas, González Linares y Jiménez firmó una discreta undécima plaza en la crono por equipos siendo el grupo español el vigente ganador del Gran Prix de Belgique, gran referencia en test cronometrados por equipos de la época.
El ciclismo español pudo haber tenido un podio olímpico de fondo gracias a Jaime Huélamo de no ser por su positivo en Munich 72. El conquense finalizó tercero una prueba que ganó Kuiper. Poco después se supo de su positivo por coralina, sustancia prohibida por el COI pero no por la UCI. De tales lagunas legales salió beneficiado el neozelandés Bruce Biddle, bronce a todos los efectos. Profesional un año después, Huélamo dejaría el ciclismo a los tres años de ser profesional. Otra plaza de mérito fue la lograda por el madrileño Bernardo Alfonsel quien entró décimo en Montreal 76.
En Barcelona 92 la selección española estuvo compuesta por Ángel Edo, Kiko García y Eleuterio Mancebo. El mejor fue Edo, decimoquinto. En la crono por equipos de 100 kilómetros el grupo español finalizó quinto.
A pesar de lo lejanos de esos tiempos, y de las excelentes perspectivas que ofrece el pelotón español en la actualidad cuando hablamos de pruebas de un día, se sigue sin celebrar el oro olímpico en el fondo. En Sydney Oscar Freire, quien llegaba como vigente campeón del mundo, no pudo pasar del 17º puesto. Ese día, tres corredores del mismo equipo, Ullrich, Vinokourov y Kloden anduvieron varios puntos por encima del resto. En la crono australiana Olano se quedó cuarto y por tanto a un paso de repetir podio. Por delante tuvo a Ekimov, Ullrich y Armstrong. Ya en Atenas, las colinas de Partenón fueron testigo de la exhibición de Paolo Bettino, con Sergio Paulino soldado a su rueda, y de la desgracia del combinado español. A pesar de contar de nuevo con el titular del mundial, Igor Astarloa, rodeado de Alejandro Valverde y Oscar Freire, nuestras opciones cayeron en picado al ritmo que marcaban las caídas y desplomes.
Otro personaje de amplio recorrido olímpico ha sido Joane Somarriba. La mejor corredora de la historia del ciclismo español debutó en Atlanta con una discreta 21ª plaza en el fondo pero un prometedor resultado en la crono: 13ª. Consumidos cuatro años alcanzó su mejor registro en la crono, quinta. Su presencia en Atenas se salda con doble séptima plaza.
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